Del Índice de Resultados Escolares (IRE) que realiza el Observatorio de Argentinos por la Educación se desprende que, si bien aumentó la cantidad de jóvenes que asisten a la escuela entre 2009 y 2022, sólo el 22% termina en los tiempos estipulados.
A instancias de este informe, apenas 22 de cada 100 alumnos transitan su escolaridad en tiempo y forma, es decir, sin repetir ni abandonar y con el nivel esperado de desempeño en Matemática y Lectura en las pruebas PISA. Esta cifra coloca a Argentina por debajo de los resultados de otros países de América Latina, como Chile y Uruguay.
De los países analizados, el mejor IRE se encuentra en Chile, donde 38 de cada 100 chicos de 15 años realiza su escolaridad en tiempo y forma, seguido por Uruguay, con 36 de cada 100. Más atrás quedan Perú (28 de cada 100), Brasil (23 de cada 100) y México (23 de cada 100). Argentina (22 de cada 100) solo supera a Colombia (19 de cada 100) y Paraguay (11 de cada 100).
Sin embargo, el documento destaca que en Argentina viene aumentando la proporción de adolescentes de 15 años que asisten a la escuela: pasó del 90% en 2009 al 97% en 2022. Aunque también creció la proporción de jóvenes que transitan la escolaridad sin repetir ni abandonar, los niveles de desempeño disminuyeron.
«De acuerdo con las pruebas PISA 2022, en Argentina solo el 22% de los chicos que tienen 15 años han cursado el año del secundario que les corresponde y terminó el cursado aprendiendo verdaderamente. Así como Argentina se encuentra dentro de los últimos tres países de Latinoamérica en aprendizaje, es interesante observar que en el país viene aumentando la cantidad de adolescentes de 15 años que asisten a la escuela. Es decir que cada vez se incorporan más chicos al sistema educativo, pero aprenden menos. En esta cuestión es donde hay que poner el foco», analizó ante los micrófonos de FM Vos 94.5 Flavio Buccino, referente de Argentinos por la Educación.
«En los últimos años se hizo hincapié en la ampliación de la matrícula y la inclusión, aunque no logran un nivel óptimo de desempeño. Hay que centrarse sobre la acción de la escuela, porque la sociedad sigue creyendo en el sistema educativo como una herramienta para la transformación de sus vidas. Las familias apuestan en la educación como una mejora de la calidad de vida de sus hijos, mientras tanto el sistema termina totalmente colapsado sin cumplir con las expectativas», reflexionó.
Luego, indicó cuáles son los factores que mayor incidencia tienen sobre el deterioro de la calidad educativa. «No se puede poner el foco en la inclusión sin calidad. Todas las jurisdicciones implementaron políticas para mantener a los chicos dentro de las escuelas, las mismas se profundizaron en la época de pandemia. Se flexibilizaron los mecanismos para que los chicos no pierdan la regularidad, hubo promociones automáticas y mayor cantidad de materias previas. Si bien se puede pensar que se niveló hacia abajo, lo positivo es que los chicos siguen estudiando y permanecen dentro del sistema educativo. Ahora hay que apuntar a implementar políticas educativas para mejorar las enseñanzas y los aprendizajes en las instituciones», fundamentó Buccino.
«La selección del alumnado o la reducción de la matrícula no puede ser nunca una decisión acertada. La escuela secundaria en Argentina durante muchos años fue solamente para un grupo de elite. Solo alcanza con imaginarse que recién el 8 de julio de 1884 se promulgó la Ley 1420 que establece la educación primaria común, gratuita y obligatoria, la obligatoriedad de la secundaria fue mucho después. Lo ideal hubiera sido trabajar sobre la inclusión al sistema y la calidad del mismo», argumentó.
Al cierre de la entrevista, presentó una serie de ideas que podrían ser útiles para colaborar con la mejora del sistema educativo del secundario. «Dentro de esta lógica, es preciso reformular las formas con las que trabajan los docentes. En vez de horas cátedras se podrían nombrar docentes con cargo dentro de las escuelas para poder hacer un seguimiento de los alumnos, detección temprana de los problemas y clases de apoyo. Me parece que este tipo de políticas podrían transformar fuertemente a las instituciones, se abarcaría la inclusión y los conocimientos. Hay que trabajar con los alumnos que vienen más retrasados y no focalizarse tanto en flexibilizar las promociones de las materias. Todos estos cambios se pueden implementar mientras los chicos están en la escuela. Hoy los jóvenes van a la escuela más que antes. Entonces, aprovechemos está situación que es favorable para mejor la calidad del sistema», concluyó.







