La Biblioteca Popular Práxedes Garde de Arizu, en Villa Atuel, recibió un reconocimiento impulsado por la Cámara de Diputados de Mendoza. Sus responsables, Mirtha Delsoglio y Alicia “Pocha” Martínez, continúan trabajando diariamente para fomentar la lectura en niños, jóvenes y adultos.
La historia de la Biblioteca Popular Práxedes Garde de Arizu, ubicada en Villa Atuel, volvió a poner en valor el enorme trabajo silencioso que muchas veces se realiza en los distritos alejados de los grandes centros urbanos. En esta oportunidad, la Cámara de Diputados de Mendoza distinguió a Mirtha Delsoglio y Alicia “Pocha” Martínez, dos docentes jubiladas de 83 años que desde hace años sostienen el funcionamiento de este espacio cultural clave para la comunidad.
La entrega del reconocimiento contó con la presencia del secretario de Cultura de Mendoza, Diego Gareca, además de otras autoridades provinciales y representantes culturales. La iniciativa fue impulsada por la diputada provincial Gisela Valdéz, oriunda de Villa Atuel.
En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, Mirtha Delsoglio, presidenta de la institución y encargada de la biblioteca, contó cómo recibieron la noticia. “No teníamos conocimiento de que esto podía suceder, pero sí había rumores de que podía haber alguna distinción”, relató. Además, recordó que tanto ella como Alicia Martínez se enteraron apenas unas horas antes del acto. “Nos enteramos en la noche anterior”, comentó.
De 10 libros a un tesoro comunitario
La entrevistada explicó que la biblioteca nació a partir de una iniciativa comunitaria encabezada por la profesora Mónica Pozo junto a otras colaboradoras del distrito. “Le costó como 5 años lograrlo y en el año 2009 consiguieron la personería jurídica”, señaló. Desde entonces, el espacio no dejó de crecer.
“Hace poquito hemos cumplido 17 años”, destacó Delsoglio, quien actualmente se desempeña como presidenta y además cumple tareas de bibliotecaria, aunque aclaró que nunca obtuvo un título formal para ello. “Oficio de bibliotecaria, sin tener el título oficial, de pura gauchada”, expresó entre risas.
La docente jubilada recordó que cuando comenzaron apenas contaban con una decena de ejemplares. “Empezamos con 10 libros como mucho y ahora tenemos 1.500 libros”, detalló.

El fomento de la lectura en todas las edades
Uno de los aspectos más destacados de la biblioteca es la fuerte participación de niños y familias. Según explicó Delsoglio, el trabajo articulado con las escuelas resulta fundamental para fomentar el hábito de la lectura desde edades tempranas.
“Tenemos visitantes frecuentes que son los niños. Cuando salen del colegio, los papás pasan y llevan a los niños a buscar libros”, comentó. También remarcó que existen sectores especialmente preparados para ellos, con libros infantiles, alfombras, almohadones y mesas adaptadas. “Queremos empezar desde nuevos, estimulando a esos niños a que vengan, a que busquen libros, que las mamás les lean, que no se pierda ese hábito tan hermoso de leer”, afirmó.
Además, señaló que jardines maternales y escuelas rurales de distintos puntos cercanos visitan frecuentemente la biblioteca para que los niños disfruten un día de paseo y aprendizaje. Aunque reconoció que los jóvenes suelen estar más alejados de la lectura tradicional, aseguró que el trabajo docente genera cambios positivos: “Ahora sí vienen muchos alumnos en el recreo grande a buscar libros y son socios de la biblioteca también”. Asimismo, destacó el rol de los adultos mayores como lectores permanentes.
Una labor de amor y perseverancia
A lo largo de la entrevista, la mujer remarcó permanentemente el valor social y cultural de los libros. “No debemos dejarlos, debemos continuar leyendo. Eso hace a la educación, a la cultura, a la fluidez de palabras”, reflexionó. En ese sentido, aseguró que tanto ella como Alicia Martínez continúan trabajando simplemente por amor al lugar y a la comunidad. “No es remunerativo, pero es sentimental, es de gusto”, señaló.
La imagen cotidiana de ambas mujeres llegando a la biblioteca terminó convirtiéndose también en símbolo del reconocimiento recibido. “Ella va en bicicleta y yo voy con bastón”, contó emocionada. Esa escena fue justamente una de las que observaba diariamente la diputada Gisela Valdés y que terminó impulsando la distinción legislativa.
Pese al paso del tiempo y a algunas complicaciones de salud, Delsoglio dejó en claro que no piensa abandonar fácilmente la tarea. “No pienso renunciar. Lo que me interesa es poder seguir yendo y poder ser útil a la sociedad”, afirmó. Actualmente, ambas tienen 83 años y este 2026 cumplirán 84, pero mantienen el compromiso intacto. “Vamos todos los días que hay que abrir la biblioteca con mucho cariño”, resumió.



