Según el relevamiento efectuado por la entidad Consumidores Libres en supermercados y negocios barriales de la ciudad de Buenos Aires, el precio de los 21 productos de la llamada “canasta básica de alimentos” tuvo un aumento del 4,08 por ciento durante el mes de enero de 2021.
El rubro Almacén tuvo un incremento del 4,30%, empujado por la suba del kilo de yerba, con el 6,85%; frutas y verduras, con una baja de 0,62 %, pese a la suba de 63,27% del kilo de naranjas; y carnes, que registró una suba de 6,05%, marcando 7,69% el kilo de paleta.
El titular de la entidad, Héctor Polino, dijo a FM Vos (94.5) y Diario San Rafael que “es un aumento muy significativo sobre todo si se tiene en cuenta que están congeladas las tarifas del gas, la energía y está en funcionamiento el programa de Precios Cuidados. No obstante que ha caído el poder adquisitivo de la inmensa mayoría, los precios de los productos de la canasta básica no dejan de aumentar”.
Calificó el tema como “muy preocupante porque deteriora todos los días el poder de compra de trabajadores y jubilados. Esto va a continuar deteriorando la calidad de vida de millones de argentinos; los aumentos se producen por la inercia inflacionaria, aumento por las dudas, una dolarización prácticamente de toda la economía, lo que es un absurdo absoluto”.
En las góndolas se reportan tanto faltantes como una baja en la variedad de marcas. Los supermercadistas aseguran que el problema está en la distribución por parte de los proveedores.
Los faltantes se notan sobre todo en la entrega de productos como aceites, aderezos y enlatados, aseguraron a Clarín desde la Comisión Intercámaras del Comercio de Consumo Masivo, que nuclea fundamentalmente a supermercados independientes y cadenas del interior. Fuentes de esas cámaras indicaron que “no se puede decir que el faltante sea de un producto o una línea de productos en general, porque no es algo parejo, de repente te mandan la mitad o la cuarta parte del pedido”.
El motivo sería que las fábricas no pueden producir determinados productos porque los precios que fija el Gobierno a través de la Secretaría de Comercio están por debajo de lo que necesita la industria.







