Aunque parezca una postal repetida cada temporada, el precio del durazno vuelve a caer y golpea de lleno a los productores del sur mendocino.
Con fábricas que aún mantienen stock de lata y supermercados ofreciendo precios de “oferta”, la fruta fresca pierde valor y muchos chacareros terminan liquidando su producción a apenas $1.000 el kilo.

La situación se agrava pese a la inflación y al incremento general de los costos de producción. La necesidad inmediata de obtener ingresos —y evitar la pérdida total de la fruta— obliga a los productores a buscar alternativas rápidas para comercializar. Así, desde que comenzó la cosecha en el sur provincial, a fines de noviembre, los valores vienen en una pronunciada baja.
UNA TEMPORADA CON PRECIOS EN CAÍDA
Al inicio de la cosecha, los cajones oscilaban entre $20.000 y $25.000, dependiendo del calibre, la variedad y la calidad. Pero en las últimas semanas los precios se derrumbaron: hoy, a través de publicaciones en Marketplace, se ofrecen entre $12.000 y $15.000 los cajones de las variedades más económicas.

Incluso en la venta minorista, el kilo de durazno puede encontrarse entre $1.000 y $2.000, cifras que están muy por debajo de los costos reales de producción.
UN CULTIVO EMBLEMÁTICO EN RETROCESO
A pesar de la pérdida de terreno frente al Valle de Uco en los últimos años, el durazno sigue siendo un cultivo característico de San Rafael y General Alvear. Actualmente quedan unas 1.750 hectáreas implantadas en el sur provincial, lo que mantiene a la región como la segunda más importante de Mendoza en superficie destinada a este fruto.

La caída de superficie es evidente: en 2004 existían alrededor de 3.160 hectáreas entre producción para industria y para consumo en fresco. En dos décadas, la actividad se redujo casi a la mitad.
COSTOS, MANO DE OBRA Y CAMBIOS DE MERCADO
La pérdida de rentabilidad, el aumento de los costos de producción, la dificultad para conseguir mano de obra y la evolución de los mercados moldearon un nuevo mapa frutícola. Muchos productores se vieron obligados a reconvertirse o diversificar para sostenerse.

Mientras tanto, en plena temporada, la realidad vuelve a repetirse: el durazno —símbolo histórico de la fruticultura del sur mendocino— hoy se vende, literalmente, a precio de remate.







