Vecinos y organizaciones civiles denunciaron el desalojo de una mujer puestera de 70 años de edad en la zona de Cerro Nevado. La familia residía en la zona hace varias generaciones y el desahucio -ocurrido en la jornada del viernes- se habría producido de forma violenta, dejando todas sus pertenencias en la calle.
Se trata de Hilda Arenas, una septuagenaria que se encontraba sola al momento de recibir a las autoridades, quienes llegaron con una orden de desalojo. Según relataron los lugareños, el hijo de la criancera se encontraba fuera del hogar por una operación programada.
Los testimonios que pudo recoger nuestro medio destacan que se trata de una familia, Acosta Arenas, con una presencia de unos 150 años en la zona, y quienes venían reclamando por la “posesión ancestral” del predio.

“Hilda Arenas, con sus más de 70 años se encontraba sola y ha sido emboscada a traición”, destacaron desde la organización Malalweche sobre la situación producida en la zona del puesto conocido como El Lechuzo.
En el mismo sentido, aseguran que la orden de desalojo está detrás de un empresario que hace poco más de un año fue impulsor de otro desalojo violento, también a una mujer mayor, en el puesto “La India Muerta”.

“Años y años de lucha por permanecer en los territorios donde nacieron y vivieron, la familia Acosta Arena acudió a toda la normativa vigente, a las leyes de Arraigo de Puesteros, al Derecho Indígena, cumplió con todo lo necesario”, explican sobre la situación de las tierras recientemente desalojadas.
“Quienes deberían haber sido reconocidos desde siempre por su posesión ancestral y tradicional hoy están siendo desalojados de la forma más cruel atacando a sus ancianos”, explica el comunicado.
REITERADOS HECHOS
No es la primera vez que la familia sufre intentos de desalojo. Anteriormente habían recibido visitas tratando de que dejen el puesto.
Incluso recuerdan que los inconvenientes comenzaron en la década de los 90´s cuando don Juan Carlos Acosta, (ya fallecido) comenzó a recibir intimaciones.
En las últimas horas se concretó el desalojo, dejando a dola Hilda a la intemperie y sin poder sacar muchas de sus pertenencias del hogar, incluso algunos animales.







