Mariano Fossas tiene 31 años. Siendo muy chico se mostró apasionado por el dibujo y ya de grande pudo concretar su vocación: ser tatuador. Nació sin un brazo, lo cual no le impidió perfeccionarse y consolidarse como uno de los mejores de Mendoza.
“No tener un brazo no me perjudicó mucho en mi vida personal o profesional para poder hacer lo que siempre me gustó. La discapacidad forma parte de mi vida y no la tomo como una herramienta para victimizarme, jamás lo hice”, dijo Mariano en diálogo con El Sol.
Está claro que haber nacido sin su brazo derecho hizo que desde muy pequeño se adaptara a su condición, no fue algo que tuvo que aprender a sobrellevar. “Nunca me pesó la mirada ajena, y creo que mucho de eso tuvo que ver mi madre, quien me enseñó a vivir con esa realidad”, expresó.

El dibujo, su cable a tierra
La vida de Mariano fue muy normal. Jamás se sintió un ser especial o diferente por tener un solo brazo. De chico prefería dibujar a jugar con los autitos o a la pelota, aunque también lo hizo.
“Es obvio que la manera en que mi familia me crió me ayudó a enfrentar a la sociedad con una mirada distinta. Mi mamá siempre estuvo a mi lado, pero nunca me victimizó, al contrario, siempre me educó para ser un hombre independiente y hoy eso es lo que agradezco”, comentó Mariano.
Criado con absoluta libertad y autonomía, el niño comenzó a crecer y cuando terminó sus estudios secundarios y llegó el momento de elegir una carrera se inclinó por Diseño Gráfico.

“Sólo un año cursé la carrera y abandoné. Los conocimientos aprendidos me sirvieron mucho para mi vida profesional, pero justo fue un año caótico en el que el mismo día que arranqué la Universidad, también ingresé en el mundo de los tatuajes”, refirió.
Sobre la reacción de los clientes al verlo trabajar con una sola mano (la izquierda), Mariano fue muy frontal: “Muchos no me dicen nada. Otros, en cambio, me han preguntado si así, con una mano, yo seré el encargado de realizar el trabajo”.
El joven siempre les da la opción de irse si no se sienten cómodos y seguros. Por el momento, nunca nadie se retiró del lugar.
“Está claro que impresiona y sorprende que con una mano puedo realizar el trabajo, pero también ven mis tatuajes en las redes y entienden que mi discapacidad no es un obstáculo”, cerró.
De Mendoza a España
Durante 10 años, Mariano estuvo dedicado al oficio. Estudió, se perfeccionó, tuvo aciertos y también errores, pero siempre predispuesto a crecer y lograr tener su propio negocio.
En medio de todo ese camino también hubo tiempo para independizarse y salir de la zona de confort con el único objetivo de encontrar nuevos rumbos.
“Viajé a España, un mundo realmente diferente y desconocido para mí, y allí se me abrió la mente de una manera extraordinaria, tanto en lo personal como en lo profesional”, relató.

Mientras recordaba esa experiencia y contaba que en un futuro muy cercano tiene previsto regresar a España para perfeccionarse y buscar una nueva salida laboral, aseguró: “Si hay algo de lo que me arrepiento o me reprocho es no haberme perfeccionado más, pero nunca es tarde”.
Messi, la gloria
Hace cinco años, Mariano logró montar su propio estudio, ubicado en el barrio Bombal. Allí trabaja con Damián, su socio, y cuentan con una importante cartera de clientes.
“Ahora sí puedo decir que estoy viviendo de mi trabajo. Hoy es mi única fuente laboral y disfruto mucho hacerlo. Los clientes salen muy conformes con los trabajos y eso es muy importante, sobre todo porque no es tan fácil conformarlos”, refirió.

Su momento de gloria llegó hace dos años, cuando Argentina salió campeón del mundo. “Yo venía trabajando bien y de repente los clientes empezaron a pedir a Messi y realmente fue un verdadero desafío. Nunca lo había tatuado y hoy es moneda corriente. Maradona y Messi, son los elegidos de la gente”, contó.

Fuente: El Sol



