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El «Súper Niño» enciende alertas en Mendoza: San Rafael con el desafío de prevenir antes de que llegue el agua

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El Gobierno provincial reunió a los municipios para coordinar acciones frente a una temporada primavera-verano que podría registrar precipitaciones por encima de lo habitual. En San Rafael, los antecedentes recientes obligan a extremar la prevención, aunque el desafío no corresponde únicamente al Estado: mantener cauces y acequias libres de residuos y respetar las advertencias oficiales también será determinante.

Mendoza comenzó a prepararse para enfrentar una temporada climática que genera preocupación. El fortalecimiento del fenómeno de El Niño y la posibilidad de que alcance una intensidad extraordinaria durante los próximos meses llevaron al Gobierno provincial a activar mecanismos preventivos, coordinar acciones con los 18 departamentos y avanzar en un sistema de alerta temprana ante tormentas, crecidas, aluviones y otras contingencias asociadas a precipitaciones intensas.

El gobernador Alfredo Cornejo encabezó días atrás una reunión en Casa de Gobierno de la que participaron miembros de su gabinete, intendentes y representantes de los municipios, además de organismos vinculados a la prevención y respuesta frente a emergencias. Allí se presentó el Plan Interinstitucional de Prevención para la temporada 2026-2027, elaborado por AEMSA, y se avanzó en la creación de un Sistema de Alerta Temprana Hidrológico para Mendoza.

Las previsiones provinciales trabajan sobre diferentes escenarios. El esquema presentado por AEMSA estimó en un 25% la posibilidad de alcanzar un escenario denominado “Súper Niño”, con una anomalía proyectada de hasta 2,49 grados, mientras que el escenario central sobre el que se planifica corresponde a un Niño fuerte. En paralelo, el Centro de Predicción Climática de NOAA informó el 13 de agosto que El Niño continúa fortaleciéndose y asignó una probabilidad superior al 90% a que alcance la categoría de evento muy fuerte durante los próximos meses.

La discusión no pasa solamente por cuánto puede llover, sino por la intensidad de los fenómenos y por la capacidad de anticiparse a sus consecuencias. Desde el Gobierno mendocino se habló de precipitaciones que podrían superar entre un 30% y un 60% los registros habituales durante determinados períodos, a lo que deberá añadirse el incremento de caudales derivado del deshielo luego de las importantes nevadas acumuladas en la cordillera durante este invierno.

En ese contexto, San Rafael aparece como uno de los territorios donde la prevención adquiere especial relevancia.

No hace falta remontarse demasiado en el tiempo para encontrar ejemplos. El verano que acaba de pasar dejó una extensa lista de consecuencias ocasionadas por precipitaciones intensas. En enero, una seguidilla de tormentas produjo crecidas extraordinarias, cortes de caminos y rutas, problemas en el suministro eléctrico y afectaciones en diferentes distritos. En algunos sectores se acumularon más de 55 milímetros en pocas horas, obligando a interrumpir la circulación en badenes y caminos por la fuerza de las correntadas y el material de arrastre.

El Cañón del Atuel también sufrió reiteradamente el impacto del agua. Las crecidas de cauces aluvionales dejaron sectores intransitables, acumularon barro y sedimentos y obligaron a trabajar contrarreloj para recuperar uno de los circuitos turísticos más importantes del departamento. Una situación similar se repitió en caminos rurales, mientras que en Punta del Agua y diferentes sectores del secano hubo familias y productores que quedaron prácticamente aislados luego de que sucesivas tormentas destruyeran accesos.

También el río Diamante mostró durante el último verano la dimensión que puede adquirir una creciente. El importante aumento de su caudal dañó el paso ubicado entre El Molino y Pobre Diablo, obligó a generar una alternativa provisoria y volvió a instalar la discusión acerca de la conservación de los cauces y de la infraestructura necesaria para enfrentar acontecimientos extraordinarios.

Y cuando las tormentas alcanzan el radio urbano, las consecuencias son igualmente conocidas. Calles transformadas rápidamente en verdaderos cursos de agua, acequias desbordadas, árboles y ramas caídas, vehículos atrapados, interrupciones eléctricas y viviendas afectadas forman parte de un escenario que San Rafael ya ha experimentado en numerosas oportunidades. La fuerte tormenta del último 31 de marzo, por ejemplo, provocó anegamientos en Ciudad y alrededores, mientras que Cuadro Benegas registró calles intransitables, vehículos varados y múltiples daños materiales.

Es precisamente ese historial el que obliga a que la advertencia por El Niño sea tomada como una oportunidad para anticiparse y no simplemente para reaccionar después de cada emergencia.

El Estado tiene, indudablemente, la mayor responsabilidad. Provincia y Municipio deberán garantizar limpieza y mantenimiento de cauces, desagües y colectores; revisar puentes y badenes; intervenir preventivamente en los sectores vulnerables; disponer de maquinaria y personal para emergencias y establecer protocolos claros entre Defensa Civil, Policía, Bomberos, Hidráulica, Irrigación, Vialidad y los organismos municipales.

Parte de esa estrategia será el nuevo sistema de alerta temprana, que utilizará información proveniente de radares, estaciones meteorológicas y mediciones hidrológicas y permitirá advertir sobre situaciones de riesgo. El Gobierno adelantó que la plataforma Mendoza por Mí será una de las vías para enviar notificaciones territorializadas ante tormentas, crecidas de cauces, aluviones o rutas afectadas.

Pero ninguna planificación estatal alcanza por sí sola.

La prevención también exige responsabilidad colectiva. Arrojar basura, restos de poda, escombros o residuos en acequias, canales y cauces puede convertirse durante una tormenta en un factor adicional de riesgo. Un conducto obstruido reduce la capacidad de escurrimiento y puede terminar provocando que el agua avance hacia calles, propiedades o sectores que deberían permanecer protegidos. El propio Gobierno provincial hizo especial énfasis en este aspecto durante la reunión con los municipios y reclamó colaboración ciudadana para evitar la obstrucción de los sistemas de drenaje.

Del mismo modo, habrá que modificar ciertas conductas frente a las alertas meteorológicas. Intentar atravesar un badén cubierto de agua, circular por caminos cerrados, ingresar a cauces aluvionales o desoír restricciones en circuitos turísticos no solamente pone en riesgo a quien adopta esa decisión: también obliga a movilizar recursos humanos y materiales para eventuales rescates en momentos en que los servicios de emergencia pueden estar atendiendo múltiples contingencias simultáneamente.

El desafío que plantea esta temporada, entonces, excede largamente al pronóstico meteorológico. Se trata de asumir que Mendoza, y particularmente San Rafael, deben prepararse para episodios que pueden poner bajo fuerte presión su infraestructura.

La experiencia reciente ya dejó suficientes advertencias. Ahora existe tiempo para limpiar cauces, revisar infraestructura, preparar equipos, mejorar los mecanismos de alerta y determinar cuáles son los puntos más vulnerables del departamento.

Pero también existe tiempo para comprender que una ciudad más preparada frente a una emergencia climática no se construye únicamente con máquinas, obras y organismos públicos. Se construye además con ciudadanos que no convierten una acequia en un basural, que respetan un camino cerrado, que atienden una alerta meteorológica y que entienden que, cuando llega una tormenta extraordinaria, una conducta irresponsable puede transformar un problema climático en una tragedia evitable.

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