A esta misma altura del año pasado aún resonaban con fuerza los ecos de la derogación de la ley 9209 y la defensa popular masiva que se dio a su transitoriamente derogada 7722. En aquel momento, y bajo el slogan “el agua de Mendoza no se negocia”, miles de mendocinos se movilizaron como muy pocas veces se ha visto y ejercieron la presión popular suficiente como para que el gobernador Rodolfo Suarez tomara en cuenta esas opiniones y recalculara su intención respecto a una actividad que considera clave como la minería.
En aquel momento consideramos en estas mismas páginas que la defensa y el cuidado del agua en nuestra provincia deberían seguir firmemente instalados en la agenda pública, no solo de los dirigentes sino también de los ciudadanos. Con una sequía que ya está por cumplir la década de duración, con diques que en 2021 siguen muy por debajo de su capacidad histórica y con especialistas asegurando que el fenómeno de escasez hídrica llegó –junto con el cambio climático– para quedarse, los mendocinos deberíamos seguir enarbolando las banderas del cuidado del recurso con la misma insistencia y tenacidad con que se hizo frente a lo que se consideraba una amenaza en su contra.
Evitar el derroche (algo que muchos olvidan –incluso de los que se dicen defensores del agua– cuando dejan una canilla goteando, lavan sus autos o llenan piletas de natación cada pocos días, por caso), optimizar los sistemas de riego, no contaminar el poco líquido con que contamos, y que las empresas y cooperativas que se dedican a su tratamiento y distribución (Aysam a la cabeza) tengan los recursos y las buenas prácticas suficientes como para hacer frente de manera eficiente esa tarea, eran –y siguen siendo– algunas de las medidas esperables para enfrentar esta situación que ya es crítica.
A un año de aquel momento clave en la expresión ciudadana mendocina, la situación del agua no ha cambiado demasiado y muy pocas de aquellas medidas se cumplen en la práctica. He allí una muestra más de nuestra incoherencia entre lo que declamamos y lo que realmente hacemos.




