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El debate por los precios: qué factores sostienen la inflación y qué frentes siguen abiertos

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Luego de que el INDEC diera a conocer que la inflación de abril se ubicó en el 2,6%, registrando una desaceleración respecto al 3,4% de marzo y los mese anteriores, el economista Daniel Garro analizó el escenario macroeconómico. Si bien calificó el índice como un «buen dato», advirtió que el camino hacia la estabilidad no será lineal y que las expectativas de fondo jugarán un rol crucial.

Para Garro, el quiebre de la tendencia alcista de los últimos meses cobra mayor valor cuando se desglosan los componentes del Índice de Precios al Consumidor (IPC), aunque persisten factores de presión estructural.

«Lo más importante es que la inflación núcleo dio 2,3% y el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas —el de mayor ponderación— se ubicó en el 1,5%. Incluso los primeros datos de mayo están dando casi prácticamente cero en ese sector», anticipó Daniel Garro en FM Vos 94.5.

«Daría toda la sensación de que el proceso comenzó a cambiar nuevamente hacia abajo, aunque todavía vamos a tener la incidencia de los precios regulados, como los servicios públicos, que aumentaron un 4,4% porque la reestructuración de los precios relativos aún no termina», aseguró más adelante.

El debate sobre el consumo y la inercia de precios

La discusión en torno a las causas que traccionan la caída del índice de precios divide aguas entre analistas y sectores políticos. Frente a las lecturas que atribuyen esta desaceleración a una severa contracción de la actividad comercial, el especialista sostuvo que la dinámica responde a factores estrictamente monetarios y estructurales de fondo.

Por ello, el analista rechazó de plano la teoría de que la baja de la inflación responda exclusivamente a la parálisis del consumo interno, argumentando que se trata de un proceso de reacomodamiento macroeconómico y no de un fenómeno estacional o coyuntural.

Respecto a la inercia a la baja, Garro explicó: «Si el problema fuera la caída del consumo, en los meses anteriores la inflación también hubiera bajado. No se puede pensar que descendió un solo mes por esa causa. El reacomodamiento hizo que la desinflación se desacelerara el año pasado, y ahora comenzamos nuevamente una inercia hacia abajo en la mayoría de los bienes», expuso.

Asimismo, remarcó que existen factores puntuales que complejizan el análisis y demuestran que el comportamiento de las góndolas no es uniforme. Señaló que el indicador general está muy mezclado en términos agregados, destacando de manera particular la incidencia fuerte que tuvo la baja de la carne, un alimento de alto impacto en la canasta básica que registró retrocesos de entre un 10% y un 15% en algunos puntos de medición. Para el experto, estos movimientos sectoriales reflejan un ordenamiento de los precios relativos más que una respuesta lineal a la recesión generalizada.

El economista Daniel Garro analizó el escenario macroeconómico

La encrucijada de la emisión y la demanda de pesos

A pesar del marcado optimismo oficial, el análisis de fondo enciende algunas luces amarillas respecto a la viabilidad de alcanzar metas de inflación cero en el corto plazo. Según el entrevistado, la efectividad del programa monetario no depende exclusivamente del control de la emisión, sino de una variable mucho más compleja y sensible como es la confianza de los ciudadanos en su propia moneda.

Dentro de ese panorama, Garro dijo que la inflación es un fenómeno bidireccional donde el comportamiento del público es tan determinante como las decisiones del Banco Central. Al analizar el factor demanda, se mostró contundente. «El Gobierno puede preocuparse por contraer la oferta monetaria y que la llegada de dinero al mercado baje, pero si la demanda de pesos no acompaña, el problema sigue estando. Si la oferta crece al 10% y la demanda cae un 15%, existe un bache del 5%», graficó.

Esta falta de acompañamiento se traduce de forma directa en la conducta del ahorrista, quien sistemáticamente busca refugio fuera de la moneda local. «Argentina tiene un problema de demanda de dinero que no se recompone. En abril volvió a subir un poco la dolarización, lo que demuestra que la demanda de pesos sigue floja. El argentino no ahorra en pesos —colocar dinero en plazo fijo es una inversión, no ahorro—; la demanda que queda es la transaccional, y para eso se necesita un movimiento fuerte de la economía», resaltó, remarcando que la reactivación de esa demanda por transacciones aún está ligada a que el proceso de inversiones madure.

Para completar un escenario desafiante, Garro sumó a la ecuación el fantasma electoral, una variable política que suele alterar drásticamente las proyecciones técnicas en el país. «El año que viene tenemos una elección muy importante. Ya vimos el año pasado cómo la previa electoral desplomó la demanda de dinero y generó un fuerte descalabro hacia el cierre del año. Ese proceso político podría empezar a tener incidencia mucho antes de lo previsto», adelantó, sugiriendo que la incertidumbre política de cara al mediano plazo podría actuar como un freno para la consolidación definitiva de la desinflación.

La Ley de Say: por qué la oferta manda sobre la demanda

Frente al histórico reclamo de recomponer los salarios para reactivar el consumo como motor económico, el analista contrapuso una visión neoclásica donde la productividad y la inversión privada son las verdaderas llaves del crecimiento sustentable. «El consumo y los ingresos disponibles han venido subiendo, pero el proceso está muy mezclado y es un error medir solo nuestro ‘metro cuadrado’. Para que se produzca un aumento de salarios fuerte y genuino, lo que tiene que aumentar es la productividad», indicó con claridad.

«La economía no se mueve a partir de la demanda, sino a partir de la oferta; la demanda es simplemente el puente. Una persona para poder demandar leche primero tiene que ofrecer sus servicios en el mercado. Es tu oferta de valor la que genera tu capacidad de compra», amplió.

La llegada diferida de las inversiones

Finalmente, Garro señaló que el éxito del programa económico actual dependerá de que el flujo de capitales logre derramar hacia la economía real, evitando recetas del pasado. «Hay una fuerte inversión que se está empezando a volcar en algunos sectores de la economía argentina. Eso tarda en arribar a la parte más visible, viene desde atrás. Si estos niveles de inversión continúan y la apuesta sobre el país se mantiene, los buenos meses van a llegar», afirmó.

«Si no apostamos a la inversión, se volverá a los esquemas viejos en los que Argentina cayó toda la vida: incentivar el consumo a través de la emisión monetaria para terminar, como ya hemos visto, en un problema de hiperinflación», concluyó.

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