La semana pasada, decenas de familias damnificadas por los créditos UVA se movilizaron a lo largo y ancho del país para reclamar una solución definitiva a lo que ellos denominan “la catástrofe UVA”. “Solo pretendemos pagar hipotecas justas que no afecten nuestra calidad de vida, que nos permitan concretar nuestros proyectos y que consagren el derecho a la vivienda”, señalaron en el acto que se realizó frente al Congreso de la Nación. Estiman que al menos 100.000 familias en todo el país están ahorcadas por este sistema de financiación implementado durante el gobierno de Mauricio Macri y que hoy siguen en jaque.
En la práctica, las cuotas y el capital adeudado no dejan de crecer a un ritmo insostenible. El sistema financiero mira para otro lado, a regañadientes acepta aplicar el tope transitorio del 35% en la relación cuota-ingreso. Dicho porcentaje resulta muy alto, pero para algunas familias representa un alivio transitorio. Su aplicación no es inmediata y se encuentra envuelta por decenas de trabas, lograr obtener este alivio implica atravesar laberintos insuperables. Los hipotecados denuncian que el sistema financiero “mira para otro lado”.
Las más de 100.000 familias que cargan esta pesada mochila, se debaten entre pagar la cuota o afrontar las demás obligaciones, por eso la morosidad no deja de crecer, pese a que se insista con que el ratio es bajo en relación a la cantidad de créditos otorgados. No hay que perder de vista que detrás de cada número, existe una familia que no sabe si el día de mañana va a poder seguir habitando bajo el techo que tanto esfuerzo le costó conseguir.
Lo grave es que el sistema de financiación titulado Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) sigue vigente. Con la ingrata experiencia de tanta gente en problemas es muy bajo el nivel de adhesión, pero además las condiciones económicas son exigentes e impiden el acceso. Por ejemplo, una pareja de calificación ocupacional alta debería incrementar sus ingresos entre un 142% y un 352% para acceder a un crédito hipotecario para la compra de un departamento de dos o tres ambientes, ya sea en la modalidad convencional o ajustado por UVA.
Así, será difícil que más argentinos lleguen al techo propio.




