Un hecho inédito ha conmovido al conurbano bonaerense: 23 personas habían muerto hasta anoche y más de 70 permanecen internadas en grave estado después de consumir cocaína adulterada. La situación, obviamente, ha generado un remezón en las estructuras sociales y políticas bonaerenses y, más allá de posturas particulares, evidencia a las claras la penetración que las drogas tienen a lo largo y ancho de nuestra sociedad.
San Rafael no es una excepción a este fenómeno y ya no es un lugar de tránsito para los estupefacientes como lo era años atrás. De hecho, nuestro diario informa habitualmente sobre secuestros de estas sustancias, redes de narcotráfico que extienden sus tentáculos hacia nuestro territorio y las autoridades admiten que el consumo de las mismas es una conducta ya instalada firmemente entre los sanrafaelinos.
Un reciente estudio de Unicef sobre el consumo de estupefacientes observa que si algunas personas consumen drogas hasta llegar a una situación en la que no pueden manejar sus vidas, es necesario interrogarse no sobre las sustancias, sino sobre las motivaciones que tienen esas personas para consumirlas de ese modo. En ese sentido, el informe hace referencia al problema del exagerado consumismo que experimenta la sociedad actual, y sostiene que es importante resaltar que los y las jóvenes y muchos adultos han sido socializados en el consumo como modo de satisfacción de sus deseos y necesidades.
Tiempo atrás, la Organización de Naciones Unidas advirtió –por su parte– que, pese a los esfuerzos de la comunidad internacional, el problema mundial de las drogas, además de poner en peligro la salud y la seguridad pública, también amenaza la seguridad nacional y la soberanía de los Estados. Es por eso que todos los sectores de la comunidad deben tomar conciencia de los efectos que produce el consumo de sustancias que son altamente nocivas para la salud y asumir el compromiso de luchar, cada uno desde el lugar que ocupa, contra esta grave calamidad.




