La escalada de los combustibles a nivel internacional, potenciada por conflictos bélicos que no ceden, ha reconfigurado el mercado energético local. Pedro Cascales, presidente de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado (CEGLA), advirtió que el fin de los precios máximos y la suba de los commodities han llevado la garrafa de 10 kg a un escenario de precios libres que oscila entre los 17.000 y 25.000 pesos. En una entrevista con 94.5 FM Vos, el directivo analizó la paradoja argentina: mientras el bolsillo del usuario sufre los aumentos, el país se consolida como un refugio de paz con capacidad exportadora para abastecer a un mundo en crisis.
Desde hace más de un año, el mercado del gas licuado de petróleo (GLP) en Argentina dejó de tener precios máximos fijados por el Estado para pasar a un esquema de precios de referencia, lo que genera una dispersión notable según la zona y el punto de venta. «La suba local está muy amortiguada frente a lo que ocurre en el mundo, donde los precios subieron más del 100%. Sin embargo, nos afectan varios factores internos: el precio de referencia del público ya no se publica más y lo que vemos hoy es un precio libre. El 65% del gas licuado se produce en Bahía Blanca y hay que moverlo en camiones hacia todo el país. La suba del combustible líquido (casi un 25%) impacta directamente en el flete, a lo que debemos sumar los acuerdos salariales de las paritarias. Todo esto ha derivado en incrementos que rondan el 15% o 20% en el último período», estimó Cascales al inicio de la nota.
¿Techo o piso? La incertidumbre global
La persistencia de los conflictos en Medio Oriente y Europa ha transformado lo que inicialmente parecía una crisis pasajera en un problema de abastecimiento estructural que afecta la estabilidad de los mercados a nivel mundial.
En cuanto a la incertidumbre en los precios, Cascales advirtió que la dinámica de costos actuales podría no haber alcanzado aún su punto máximo. «Lo que hoy parecen precios de pánico o de techo, si el conflicto no termina rápido, pueden llegar a ser un piso. No está clara la salida porque ya no es solo un problema de especulación financiera, sino de una falta real de recursos: hoy falta entre el 20% y el 30% de la energía que el mundo necesita para funcionar», explicó.
Para ilustrar la gravedad de la situación, el directivo citó el ejemplo de India, cuya demanda expone la fragilidad del sistema. «Para entender la magnitud, lo que India consume en solo 20 días equivale a lo que Argentina consume en un año entero de gas envasado. Países con esa escala están teniendo que racionalizar el recurso y retroceder décadas, volviendo al uso de la leña o el kerosene, simplemente porque la energía limpia y disponible está carísima o, directamente, ya no se consigue en el mercado», sostuvo.

Argentina como activo estratégico de paz
A diferencia de crisis anteriores, el desarrollo de Vaca Muerta permite que el país enfrente este escenario desde una posición de fortaleza exportadora y estabilidad geopolítica. «Si esta crisis nos hubiera agarrado hace 12 años, cuando éramos importadores netos, la situación nos partía al medio. Hoy somos exportadores y el saldo de la balanza energética argentina podría escalar de los 11.000 millones de dólares previstos a unos 20.000 millones, dependiendo de los precios», destacó el referente del sector.
«Lo más importante es que Argentina se posiciona como una de las pocas regiones del mundo en paz, sin conflictos étnicos o religiosos, y con rutas de exportación que no dependen de pasos bloqueados como el Canal de Suez o el Estrecho de Ormuz», agregó.
Lecciones de la crisis energética
El escenario europeo sirve hoy como un espejo de las consecuencias que enfrenta una economía cuando depende de un solo proveedor o mantiene una matriz energética poco diversificada ante crisis geopolíticas. Por ello, y en relación con la diversificación necesaria, Pedro Cascales señaló que el viejo continente atraviesa un momento de extrema vulnerabilidad. «Europa dependía principalmente del gas ruso y luego pasó a depender del de Catar; hoy está prácticamente atada a lo que pueda enviarle Estados Unidos porque cerró sus centrales nucleares y redujo al mínimo su propia producción de gas y petróleo», expuso.
«El mundo ha aprendido a la fuerza que no se puede depender de un solo proveedor, por más barato que sea; hay que diversificar las fuentes de suministro», consideró. En este contexto, puso en relieve el atractivo local como una ventaja competitiva única para el país. «La Argentina se convierte en un imán internacional por este motivo. Tenemos la segunda reserva de gas no convencional más grande del mundo, contamos con infraestructura de producción y, sobre todo, estamos lejos de las zonas de conflicto bélico», volvió a recalcar.
«Se trata de una oportunidad histórica para posicionarnos como un proveedor confiable a largo plazo, siempre y cuando nosotros no choquemos la calesita y sepamos aprovechar estas condiciones estratégicas», opinó.
Precios y puntos de venta
En el mercado actual, el valor final que paga el usuario depende críticamente de la logística y la cercanía con las plantas de distribución. «Hoy los precios oscilan según la provincia y el punto de compra. No es lo mismo adquirir la garrafa en un depósito oficial o en una planta fraccionadora que hacerlo en un comercio barrial o a través de un servicio de delivery», aclaró Cascales.
«El costo puede variar entre los 17.000 y los 25.000 pesos. Es una situación inédita y bastante incierta; reconstruir la infraestructura de producción dañada en el mundo puede llevar de uno a cinco años, por lo que el flujo normal no se restablecerá simplemente abriendo una válvula», graficó al cierre de la charla.







