Bajo el lema «Hacer periodismo profesional tiene consecuencias. No hacerlo tiene muchas más», la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), la Asociación de Telerradiodifusoras Argentinas (ATA) y la Asociación de Radios Privadas Argentinas (Arpa) lanzaron una campaña nacional por el Día del Periodista, con el objetivo de concientizar sobre el valor democrático de la información rigurosa, libre y verificada.
La iniciativa se centra en resaltar el impacto que tiene el ejercicio del periodismo profesional frente a los desafíos que atraviesan hoy la verdad, la libertad de expresión y la calidad institucional.
El presidente de Adepa, Martín Etchevers, fue quien encabezó el lanzamiento de la campaña y en su exposición llamó a defender «el valor del periodismo» como «una base para el debate público con información verificada y opinión argumentada, que es lo que el periodismo aporta a la democracia».
La expresión “periodismo militante” surgió durante el kirchnerismo y detallaba el trabajo que realizaban ciertos medios de comunicación y periodistas que defendían a la gestión K. El nuevo periodismo militante se presenta, desde la asunción de Milei a la presidencia, con una versión “más ampliada de libertad de expresión”, cuando en realidad es todo lo contrario, ya que jamás se ocupa seriamente de los ataques organizados en redes sociales, comenzados por el mismo presidente, hacia el verdadero periodismo independiente y crítico. De hecho, una de sus expresiones más usadas en los últimos meses es “no odiamos lo suficiente a los periodistas”. Frente a ello, los periodistas “amigos” nada dicen, cuando hasta hace poco se escandalizaban frente a la “militancia K”.
Este es el nuevo periodismo militante, y no es difícil identificarlo. Se presenta como una nueva ola de libertad de expresión, pero su agenda es clara: construir un relato polarizador donde sólo existan dos jugadores en el campo, Milei y el kirchnerismo. Cualquier otra voz será silenciada, absorbida o destruida en el proceso. Y mientras tanto, los conversos, los influencers y los periodistas que juran ser independientes, continúan siendo los peones de una estrategia cuidadosamente orquestada.




