El hombre siempre trató de proteger sus cultivos de los ataques de plagas y enfermedades que afectan los rendimientos y la calidad de los productos vegetales.
Para lograr este objetivo utilizó sustancias químicas naturales o artificiales, a las que hoy se denomina agroquímicos.
Se trata de sustancias destinadas a prevenir, destruir y controlar cualquier organismo nocivo, incluyendo las especies no deseadas de plantas y animales que causan perjuicio o interfieren de cualquier otra forma en la producción, elaboración o almacenamiento de productos agrícolas.
Los agroquímicos constituyen un tema de múltiples facetas y de alta sensibilidad social. Si bien no se pueden desconocer los beneficios que han aportado a la agricultura; tampoco es posible relativizar el peligro que encierran debido a su toxicidad.
La tendencia actual es procurar reducir los riesgos adoptando enfoques preventivos mediante una fuerte asistencia técnica a los sectores de la producción, y una constante política de control para lo que se requieren recursos técnicos y económicos adecuados.
En la zona rural San Rafael, así como en toda Mendoza y Argentina, son muchas hectáreas las que se cubren con agroquímicos y fertilizantes. Según los datos del último Censo Nacional Agropecuario la mayor cantidad se utiliza en frutales, viñedos y cultivos forrajeros.

De acuerdo a la superficie cultivada en el departamento, la mayor cantidad de agroquímicos se utiliza en los cultivos de frutales, viñedos y olivos.
En este segmento los productos de mayor cobertura son los herbicidas (para controlar las malas hierbas en los cultivos) que llegan a 18.462 hectáreas, seguidos por los fertilizantes que cubren 16.017 y los fungicidas (para eliminar o impedir el crecimiento de hongos y mohos) con 13.248.
Luego aparecen 9.293 hectáreas cubiertas con insecticidas, 3.363 con acaricidas y 207 con nematicidas. Un dato a tener en cuenta es la gran cantidad de hectáreas donde se utiliza “abono orgánico” que llegan a 8936.

En materia de forrajes (avena, maíz, cebada, sorgo, pastos, alfalfa, entre otros), la mayor parte del terreno se cubre con herbicidas con 2450 hectáreas cultivadas, mientras que los fertilizantes se usan en 2384. Luego aparecen los insecticidas con 1.244, los fungicidas con 750 y los acaricidas con 119. Además, hay 2828 hectáreas con abonos orgánicos.
Finalmente, en el sector más pequeño, del cultivo cerealero, se usan fertilizantes en 357 hectáreas, 380 de herbicidas, 38 de insecticidas, 1 de fungicidas y 206 de abonos orgánicos.







