En un avance clave para el sector agrícola, un equipo de investigación trabaja en la detección de virus en cultivos de papa mediante técnicas de biología molecular, con el objetivo de mejorar la calidad sanitaria de la semilla y optimizar los procesos productivos.
El proyecto es encabezado por la Dra. Viviana Seitz, del Laboratorio de Protección Vegetal de la EEA Rama Caída, junto al Dr. Sebastián Gómez Talquenca de la EEA Mendoza, en articulación con el Instituto Nacional de Semillas (INASE).
La iniciativa se enfoca en perfeccionar las metodologías de análisis aplicadas a tubérculos semilla, un insumo clave para garantizar buenos rendimientos en el cultivo.

Actualmente, la detección de virus en papa es un proceso fundamental pero que puede demandar tiempos prolongados y costos elevados.
En este sentido, el trabajo de los investigadores apunta a desarrollar herramientas más ágiles y precisas, que permitan acortar los plazos de diagnóstico sin perder confiabilidad. Esto no solo mejora la eficiencia de los controles, sino que también impacta directamente en la planificación productiva.
EN BUSCA DE MEJOR MATERIA PRIMA
La presencia de virus en la semilla puede afectar significativamente el desarrollo del cultivo, reduciendo su rendimiento y calidad comercial. Por eso, contar con sistemas de detección más eficientes permite actuar de manera temprana, evitando la propagación de enfermedades y reduciendo pérdidas económicas.

Además, el proyecto se inscribe en una lógica de articulación entre ciencia y producción, donde el conocimiento generado en los laboratorios se traduce en soluciones concretas para el campo. En este caso, el vínculo con INASE resulta fundamental para validar y aplicar estas metodologías dentro de los esquemas de certificación y control de semillas.
Desde el equipo destacan que este tipo de avances no solo beneficia a los productores, sino que también fortalece la competitividad del sector agroindustrial, al mejorar la calidad de origen de los cultivos y optimizar el uso de recursos.
Hay que destacar que Malargüe y El Sosneado se afianzan como una de las principales zonas semilleras del país.
El sur de la provincia tiene condiciones ideales para obtener material libre de los virus que afectan la productividad y la superficie cultivada se mantiene constante, en torno a las mil hectáreas.







