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Éxito de la avicultura: Argentina se ubica primera en el consumo mundial de huevos con un promedio de cuatrocientos por persona al año

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Con un consumo anual que trepó hasta los cuatrocientos huevos por habitante, la Argentina se posicionó en la cima del ranking global de países consumidores. En diálogo con FM Vos (94.5), el presidente de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), Juan Kútulas, analizó los factores determinantes de este hito productivo y cultural, destacando el rol de las campañas de difusión, la caída de los mitos en torno al colesterol y las grasas animales, el auge de las dietas ricas en proteínas, la alta tecnología aplicada en los establecimientos del país y la capacidad del sector para proyectar un crecimiento aún mayor tanto en el mercado interno como en las exportaciones, pese a las distorsiones impositivas vigentes.

Al principio de la nota, Kútulas explicó que este récord de consumo se sustenta en una intensa labor interinstitucional enmarcada en la celebración de la Semana del Huevo, articulada mediante el trabajo conjunto entre las cámaras empresarias, los medios de comunicación y el respaldo de profesionales de la salud y la nutrición que difieren favorablemente de los antiguos paradigmas restrictivos. «Hay varios factores, entre ellos la promoción que hace CAPIA del consumo de huevo y la ayuda que tenemos de los periodistas, de los médicos y los nutricionistas, que cada vez más difunden los beneficios de consumir huevo en todas las edades, no hablando ya de uno o dos, sino hasta de cuatro huevos diarios», enfatizó.

«Se han ido dejando en el camino algunos mitos que había en torno del huevo; la nutrición va cambiando permanentemente y hoy sabemos que las grasas animales se han reivindicado mostrando que son mucho mejores para la salud, aportando proteínas en un contexto donde las dietas han mutado hacia menor consumo de hidratos de carbono», comentó.

«Si algunos deportistas consumen hasta ocho huevos diarios y yo, que ya tengo sesenta años y me considero deportista, consumo cuatro o cinco, significa que todavía hay mucha gente que no está haciendo los deberes; por lo tanto, en la Argentina tenemos el potencial de escalar tranquilamente hacia un consumo de quinientos o seiscientos huevos anuales per cápita», alentó.

El presidente de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), Juan Kútulas, analizó los factores determinantes de este hito productivo y cultural

Capacidad productiva, eficiencia genética y distribución federal de los polos avícolas

En cuanto al abastecimiento y la infraestructura de la industria, el titular de CAPIA aseguró que el sector cuenta con una capacidad instalada altamente sobrada para satisfacer tanto la demanda récord del mercado interno como las metas de expansión futura. «La producción demuestra que tenemos plena capacidad, especialmente porque atravesamos dos o tres meses de precios muy deprimidos al punto de que algunos productores debieron dejar de incorporar lotes, una contracción que finalmente permitió que el valor se recuperara tras haber tocado pisos mínimos», observó.

«Tenemos lotes muy buenos, muy sanos, donde el huevo, ayudado por la genética, la nutrición y las buenas prácticas que tiene cada granja, nos lleva a tener mucha eficiencia en la producción y el uso de alimentos, ubicándonos en uno de los niveles más tecnificados del mundo», destacó.

«Argentina tiene una característica y es que la producción está muy atomizada en muchas granjas, sin grandes productores que acopen el mercado total. La mayor cantidad se concentra en Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, coincidiendo con los centros de población», expuso.

Comercio exterior, asimetrías fiscales y el reclamo por la alícuota del IVA

Consultado sobre las oportunidades de exportación, Kútulas lamentó que las ventas al exterior representen actualmente apenas entre el dos y medio y el tres por ciento de la producción total, pese a que existen plantas procesadoras con capacidad ociosa y condiciones macroeconómicas inmejorables dadas por la condición del país como gran productor de granos y alimentos para aves. «La exportación del huevo no va más allá del dos coma cinco o tres por ciento de la producción, pero tenemos capacidad en plantas procesadoras que no están funcionando a su total capacidad y la idea es llegar al cinco, seis o diez por ciento», anticipó.

«Argentina tiene condiciones espectaculares para producir porque es un gran productor de granos y a la gallina no le va a faltar alimento, siendo una forma magnífica de agregarle valor a nuestros granos, pero tenemos problemas de logística y costos que habría que bajar», analizó.

«Enfrentamos una fuerte presión impositiva que complica al sector, siendo nuestro principal reclamo que el huevo es la única proteína animal gravada con un veintiún por ciento de IVA, mientras que el resto tributa el diez coma cinco por ciento. Si logramos que el gobierno apruebe esta rebaja, se transformará profundamente tanto el nivel de comercialización como la matriz productiva de toda la actividad», vaticinó.

Diferencias comerciales entre el huevo blanco y el color: mitos y realidades

Finalmente, el presidente de CAPIA se refirió a las falsas creencias instaladas en torno a las propiedades nutricionales de los huevos según el tono de su cáscara. Aclaró categóricamente que tanto el huevo blanco como el marrón poseen exactamente el mismo contenido proteico y nutricional en su interior, debiéndose la única diferencia al factor genético del plumaje de la gallina ponedora. «El color de la cáscara no determina el valor proteico; aunque a las personas les cueste desprenderse de ciertos mitos arraigados como el del colesterol. El huevo blanco y el de color poseen exactamente la misma composición nutricional en su interior, debiéndose su única diferencia a la raza de la gallina ponedora», aclaró.

«Sí hay una diferencia en el costo de producción porque la gallina de color marrón es un poquito más grande, come un poco más y es menos eficiente en la producción, por lo tanto el huevo color siempre vale un diez o quince por ciento más que el blanco», añadió.

«Los consumidores pueden elegir con total tranquilidad cualquiera de las dos variedades, ya que la diferencia responde únicamente a una cuestión de gustos; de hecho, para quienes tenemos unos años más y nos cuesta distinguir los pequeños restos de cáscara en el huevo duro, el de color suele ser más fácil de limpiar, aunque deben saber que eso implica abonar un precio algo mayor», dijo con total espontaneidad.

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