En un mundo donde el comercio internacional se volvió más áspero y estratégico, Argentina aparece con una paradoja difícil de ignorar: las exportaciones crecerían con fuerza en los próximos años, pero cada vez hay menos empresas que participan de ese motor. El contraste dibuja un mapa productivo concentrado, con sectores dinámicos y otros que siguen perdiendo terreno.
Las proyecciones del Banco Central estiman que las exportaciones totales podrían rozar los USD 150.000 millones hacia 2030, impulsadas en gran medida por sectores como hidrocarburos y minería. En particular, el desarrollo de Vaca Muerta y la creciente demanda global de energía y minerales críticos posicionan al país como un proveedor atractivo en un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas.
Sin embargo, ese horizonte expansivo convive con una tendencia estructural en sentido contrario: en los últimos 20 años, el número de empresas exportadoras cayó cerca de 40%, pasando de unas 15.000 en 2006 a alrededor de 9.000 en 2025. La mayor caída se dio entre 2006 y 2015, y desde entonces el número se mantiene prácticamente estancado.
Menos actores, más concentración en el comercio exterior
El fenómeno también se refleja en la distribución del negocio exportador. Según datos de la Cámara de Exportadores (CERA), cerca del 94% del valor exportado en 2024 provino de grandes empresas, mientras que las pequeñas y medianas exportadoras, aunque representan más de la mitad del total, explican apenas el 6,3% de las ventas externas.
A esto se suma un contexto global cada vez más desafiante. Las tensiones geopolíticas, las guerras recientes y la creciente competencia entre potencias impulsaron nuevas barreras comerciales, desde aranceles hasta cuotas, que afectan el flujo del comercio mundial. Se estima que uno de cada cinco dólares exportados en el mundo enfrenta algún tipo de restricción.
En ese escenario, especialistas advierten sobre un “sesgo anti-exportador” local, vinculado a factores como las retenciones, la obligación de liquidar divisas y los retrasos en reintegros e IVA. Estas condiciones, sostienen, afectan especialmente a las empresas más pequeñas y a los sectores con mayor valor agregado, limitando su capacidad de competir y expandirse.
Así, mientras algunos sectores avanzan con viento a favor y proyecciones millonarias, el entramado exportador argentino se vuelve más estrecho, como un embudo donde pasan muchos dólares, pero cada vez menos jugadores.







