La reciente licitación impulsada por el gobierno nacional de 200.000 millones de pesos —pertenecientes al Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES y destinados a líneas de crédito hipotecario con un techo de tasa de UVA + 7,5%— reavivó las expectativas del sector inmobiliario y de la construcción en la Argentina. La medida, que forma parte de un paquete macro proyectado en 2 billones de pesos a volcarse a través de entidades bancarias en un plazo de 120 días, busca reactivar un mercado retraído por la falta de financiamiento a largo plazo y la desconfianza macroeconómica. En diálogo con FM Vos (94.5), Gerardo Fernández, presidente de la Confederación de PyMEs Constructoras de la República Argentina (CPC), analizó el alcance de las nuevas líneas, la respuesta de la oferta disponible en desarrollos urbanos, el comportamiento proyectado de las tasas y el efecto dinamizador que el crédito para la vivienda genera sobre la actividad productiva general.
Expectativa sectorial y la disponibilidad inmediata de stock inmobiliario
Desde la conducción de las pymes constructoras calificaron con entusiasmo la apertura del crédito hipotecario, señalando que las principales urbes del país cuentan con unidades terminadas y listas para su escrituración, lo que permitirá una rápida absorción de los fondos. «La verdad es que se recibe con mucho entusiasmo y expectativa esta noticia. Uno de los tantos factores que afectaba la fluidez en el mercado inmobiliario era la falta de crédito. Si bien no existen las soluciones mágicas ni perfectas, esto viene a traer una solución real y creíble. Hay mucha necesidad y entusiasmo tanto de las entidades bancarias como de los desarrolladores», expresó Gerardo Fernández al inicio de la entrevista.
«Las consultas son muchísimas y el mercado, en términos generales —sobre todo en las grandes urbes—, tiene mercadería disponible y lista para la venta. El desarrolladorismo inmobiliario en las grandes capitales está con departamentos y casas listas para entregar, en condiciones jurídicas y técnicas, con aprobaciones y demás. Entendemos que esto le va a dar fluidez a un mercado inmobiliario que venía un poquito frío», opinó.
«Todo lo que signifique movimiento de la economía le hace bien al país y a todos los rubros. Hay que entender que cuando se mueve la industria de la construcción no solo se vende el departamento, sino que la familia, para generar ese hogar, le pone las cortinas, la vajilla, un mueble o un electrodoméstico nuevo. Se toma crédito, el desarrollador vuelve a invertir lo cobrado y no lo fuga, y todo eso repercute en mayor movimiento económico y recaudación», explicó.

Análisis de la tasa máxima de UVA + 7,5% y el factor confianza
En relación con las condiciones financieras establecidas por el Ejecutivo nacional, el titular de la CPC valoró la fijación de un techo de tasa en comparación con la ausencia histórica de préstamos a largo plazo, supeditando su evolución futura a la consolidación de la baja inflacionaria. «Tomemos en consideración que venimos de crédito prácticamente cero; era insignificante o nulo. Pasar de no tener crédito a tenerlo ya es un paso importante adelante. La tasa siempre condiciona, pero comparada con el resto de los créditos que se venían dando —tipo crédito personal o tarjeta—, la tasa es muy buena», indicó Fernández.
«Ese nivel de tasa estará relacionado en forma directa con la consistencia en la baja de la inflación y la expectativa en la economía. Uno de los elementos más preponderantes es la confianza: en tanto y en cuanto la inflación siga con una tendencia a la baja en los registros oficiales y la gente lo perciba, la teoría económica indica que las tasas tendrían que tender a la baja. El límite de UVA + 7,5% es un tope máximo hoy, lo cual no significa que no puedan aparecer ofertas más bajas por competencia bancaria», remarcó.
El resguardo en el ladrillo y el efecto multiplicador sobre la inversión privada
Frente a la volatilidad histórica de los ciclos económicos en Argentina, Fernández remarcó que el crédito hipotecario no solo minimiza los riesgos de inversión familiar al capitalizar el esfuerzo frente a un alquiler, sino que actúa como un apalancamiento que multiplica el dinero volcado a la calle. «En términos generales, aún en las irregularidades de las conductas de la macroeconomía en la Argentina, hay un consenso generalizado de que con lo que menos se pierde es con el ladrillo. No es lo mismo estar haciendo un esfuerzo para el pago de un alquiler que para el pago de un bien que queda como capital y que, a medida que pasa el tiempo, se va capitalizando más. Un bien inmueble bien ubicado tiene un valor residual de reventa donde la inversión tiene mucho menos riesgo que elementos más volátiles como la bolsa o un plazo fijo», aseguró el presidente de la Confederación de PyMEs Constructoras de la República Argentina.
«Cuando uno describe la cantidad de miles de millones parecen sumas siderales, pero en la práctica se está hablando de que esto va a impactar entre unas 8.000 y 12.000 familias, dependiendo de los montos, porque las propiedades cotizan en dólares y hay que transformar esos pesos. No va a significar un cambio rotundo en la historia del país, pero es un puntapié y un gesto político de apostar a un sector que tracciona al resto», manifestó.
«Como los créditos hipotecarios no financian el 100% de la propiedad sino un 70 u 80 por ciento, el comprador pone el resto de su ahorro, multiplicando el dinero que entra al mercado. Además, quien accede al crédito suele invertir luego en hacer la cochera, un cierre perimetral o una habitación más. Cuando no está el crédito, la gente se resguarda en el dólar y la economía se retrae; con estas medidas se busca poner en movimiento a la sociedad, por lo que es probable que los fondos se agoten rápidamente en los próximos seis meses», observó al cierre de la comunicación.


