Con la llegada de mayo, el otoño mendocino despliega su paleta de ocres y trae consigo el descenso marcado de la temperatura. Para los aficionados a la jardinería y la horticultura local, este mes no representa un cierre, sino una ventana de oportunidad estratégica. Es el momento exacto para realizar la transición hacia cultivos que no solo resisten las heladas, sino que necesitan del frío para prosperar.
A continuación, detallamos las variedades esenciales y los cuidados necesarios para mantener la tierra activa en el desierto mendocino durante la temporada baja.

La huerta de invierno: fortaleza y nutrición
En esta época, el protagonismo se traslada a las hortalizas de hoja y las legumbres. La clave en Mendoza es aprovechar la radiación solar diurna, que sigue siendo intensa a pesar del frío nocturno.
- El momento del Ajo: Mayo es, por excelencia, el mes para plantar ajos. Mendoza es una zona productora líder, y en el ámbito doméstico, enterrar los dientes ahora garantiza una cosecha robusta en verano.
- Hojas resistentes: La acelga, la espinaca y diversas variedades de lechuga son apuestas seguras. Su capacidad para soportar las bajas temperaturas las convierte en la base de cualquier huerta de otoño.
- Legumbres de estación: Las habas y arvejas son fundamentales. Además de proporcionar alimento, tienen la propiedad de fijar nitrógeno en el suelo, mejorando la calidad de la tierra para los cultivos de la próxima primavera.
- Bulbos y raíces: El verdeo, la cebolla y los rabanitos completan el esquema de siembra. Estos últimos, al ser de ciclo corto, permiten obtener resultados rápidos antes de que el invierno se vuelva riguroso.
Color en el jardín: las resistentes al frío
No todo es producción alimentaria; la estética del jardín mendocino también puede mantenerse viva.
- Pensamientos y Violas: Son las reinas del invierno. Soportan incluso las escarchas más fuertes y mantienen sus flores vibrantes cuando el resto del jardín entra en latencia.
- Caléndulas: Funcionan como un «seguro» biológico. Sus flores naranjas y amarillas no solo decoran, sino que atraen polinizadores y repelen plagas de forma natural.
- Crisantemos: En mayo alcanzan su máximo esplendor. Son la flor emblemática del otoño y aportan volumen y color a los canteros.
Claves de manejo: riego y suelo
El éxito de la siembra en mayo depende directamente de entender el clima seco de la región.
- Regulación del Riego: Con la menor evapotranspiración, es vital reducir la frecuencia de riego. El exceso de humedad, combinado con el frío, puede pudrir las raíces o fomentar hongos. Se recomienda regar en horas de la mañana para evitar que el agua se congele durante la noche.
- Nutrición Orgánica: Antes de que el suelo se enfríe completamente, es recomendable incorporar compost o abono orgánico. Esto no solo nutre, sino que mejora la estructura del suelo, actuando como un aislante térmico para las raíces.
- Protección contra heladas: Para las zonas más expuestas de Mendoza, como el Valle de Uco o las periferias de San Rafael, es conveniente tener a mano tela antihelada para las noches de descenso brusco.
Preparar la tierra en mayo es un ejercicio de paciencia y previsión. Siguiendo este calendario, el jardín mendocino puede transformarse en un espacio productivo y lleno de vida, incluso bajo el rigor del invierno cuyano.ç







