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Heladas tardías en el Valle de Uco: la Cámara de Tunuyán advierte pérdidas de hasta el 100% en frutales de carozo y cuestiona la cobertura del seguro agrícola

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Una serie de severas contingencias climáticas con marcas térmicas que alcanzaron los siete grados bajo cero provocó graves daños en las principales zonas productivas del Valle de Uco y de la provincia de Mendoza. El fenómeno meteorológico afectó de manera directa a los cultivos de frutas de carozo —principalmente duraznos destinados a la industria conservera, cerezas y almendros— en momentos en que las plantaciones atravesaban su etapa de plena floración. En diálogo con FM Vos (94.5), Carlos Dávila, presidente de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán (CIAT), detalló el impacto técnico y económico de las heladas, los elevados costos de la defensa activa, las deficiencias del seguro agrícola provincial frente a los costos reales de producción y la compleja coyuntura financiera que atraviesa el sector agroindustrial.

Severidad del fenómeno, impacto en el durazno industrial y defensa activa

El dirigente empresarial remarcó que las heladas no solo se destacaron por su extensión territorial en los departamentos de Tunuyán, Tupungato y San Carlos, sino por su extensa duración y la profundidad de los registros térmicos bajo cero. «Hemos estado asistiendo a una serie de acontecimientos de contingencias climáticas de heladas con temperaturas bajo cero muy significativas, no solo por la cantidad de hectáreas o la zona afectada, sino por el nivel de temperatura y su duración. El impacto viene siendo muy fuerte. En el caso del durazno para industria, el Valle de Uco concentra el 60% de la producción de Mendoza, por lo que tiene una gravitación muy significativa. Las variedades que estaban con flor abierta han sufrido un impacto muy grave, registrándose productores que tienen hasta el 100% de pérdidas», aseguró Carlos Dávila al principio de la nota.

«Las heladas más fuertes llegaron en algunos sectores hasta los 7 grados bajo cero. Hablando con los productores, nos comentaban que encendieron los sistemas de defensa a partir de las dos o tres de la mañana y aun así no pudieron subir la temperatura a menos de 2,5 o 3 grados bajo cero. El capital de trabajo que implica hacer defensa activa mediante la quema de fuelóleo u otros combustibles representa un costo altísimo que prácticamente no tiene repago. El daño se ha extendido por todo el Valle de Uco, abarcando Tunuyán, Tupungato y San Carlos, así como a los oasis Este y Sur», confirmó.

«De acuerdo con los últimos relevamientos de la Dirección de Estadísticas, en el Valle de Uco hay alrededor de 4.000 hectáreas entre durazno y cereza. Todas tienen algún nivel de afectación porque la helada no perdonó a ningún sector. Decir que no hay un daño significativo no respondería a la realidad; todos los productores presentan, en mayor o menor medida, un porcentaje de daño que se terminará de consolidar en los próximos días con el ascenso de las temperaturas», aseveró.

Carlos Dávila, presidente de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán (CIAT), detalló el impacto técnico y económico de las heladas

Brecha en el seguro agrícola, costos de producción y asfixia financiera

Respecto a las herramientas de compensación estatal, Dávila analizó la disparidad existente entre el monto que pagan las pólizas del seguro agrícola y los costos reales necesarios para mantener una hectárea en producción. «El seguro agrícola no es obligatorio sino optativo, y el grado de adhesión no es el deseado porque, si bien ha mejorado, la indemnización máxima de una póliza integral ante un daño del 100% por granizo o helada se ubica entre los 2 y 2,5 millones de pesos. Si se considera que el costo estándar para producir una hectárea de durazno no baja de los 10 a 12 millones de pesos —incluyendo labores culturales, fertilización y procesos generales—, la indemnización solo representa el 15% de ese costo. Es necesario tender a un modelo compensador similar al de Tomate 2000, que cubra la totalidad de los costos de producción para garantizar la recuperación del capital de trabajo», consideró en relación con ese tema.

«En la Argentina actual el financiamiento para ser competitivos es prácticamente inexistente. Hoy el productor se endeuda para capital de trabajo en el mejor de los casos. Exceptuando alguna línea específica del Banco Nación con tasas cercanas al 18%, el resto de las entidades financieras no bajan del 30% anual. Todo esto ocurre en una actividad agrícola que arrastra precios estancados de hace tres o cuatro años, mientras que los costos de energía, combustibles, mano de obra y fertilizantes se incrementaron entre un 600% y un 700%», declaró.

«Con una rentabilidad prácticamente pulverizada, el sector sigue pendiente de reformas impositivas profundas que reduzcan las cargas tributarias que se pagan en la energía y el combustible, las cuales representan cerca del 40% del costo. Si esas reformas no se concretan y no se consolida un financiamiento accesible, herramientas como el seguro agrícola —aun siendo insuficientes— ayudan a sumar lo posible para intentar recuperar el capital de trabajo, levantar la mirada y proyectar la actividad a largo plazo», dijo al cierre de la charla.

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