La inclusión no es un concepto abstracto en la escuela Eduardo José Primitivo Chimeno Codó, sino una misión diaria que encuentra sus frutos en historias como la de Macarena, estudiante de sexto año, quien este 2024 realizó pasantías laborales en un restaurante de San Rafael. Su directora, Alejandra Coria, destacó cómo estas oportunidades transforman la vida de los estudiantes y fortalecen los lazos entre la comunidad y la escuela.
“Nuestra escuela es de educación integral. Recibimos estudiantes de 13 a 21 años con características únicas, no por sus certificados, sino por su ser. Cada uno tiene algo que lo hace especial como cualquier ser humano”, explicó Coria a Diario San Rafael y FM Vos 94.5.
La escuela, que funciona en una casa alquilada por el Estado en Vélez Sarsfield 1271, cuenta con una matrícula de 150 estudiantes en la sede principal y 12 en su anexo en Villa Atuel. Además, brinda apoyo pedagógico a alumnos integrados en 10 escuelas comunes de San Rafael. “Es un trabajo tremendo. Las docentes trabajan con los equipos de las escuelas, las familias y, por supuesto, los estudiantes. Esto enriquece las experiencias pedagógicas tanto para ellos como para las instituciones que los reciben”, resaltó Coria.
En el caso de Macarena, la articulación con empresas locales ha sido fundamental. “Ella es muy sociable y tiene las capacidades necesarias para insertarse en el mundo laboral. Este año retomamos el vínculo con el restaurante Kylo Comidas, que ya había recibido pasantes de nuestra escuela. Allí, Macarena y otra estudiante, Candela, pudieron aprender y desarrollarse en un ambiente real de cocina”, detalló Coria.
La experiencia en Kylo es parte de una estrategia más amplia de la escuela para acercar a los estudiantes al mercado laboral. “Nuestra institución cuenta con talleres de gastronomía, metalmecánica, construcción, textil, cerámica y multimedia. Buscamos que cada estudiante pueda aplicar lo aprendido en un contexto real. Este año, además de Kylo, hemos establecido vínculos con DEFER, una empresa de metalmecánica que ha recibido a tres estudiantes nuestros”, contó.
El impacto de estas pasantías es significativo tanto para los jóvenes como para las empresas. “En DEFER nos pidieron los currículums de los estudiantes, lo que dice muchísimo sobre cómo valoraron su desempeño. Es emocionante pensar que estas experiencias les abren puertas para futuras oportunidades laborales”, afirmó Coria con orgullo.
Además de las pasantías, la escuela realiza actividades recreativas y pedagógicas que fortalecen los vínculos y celebran el cierre del ciclo lectivo. “El miércoles pasado estuvimos estamos en el Polideportivo N.º 1, despidiendo a los egresados con una jornada recreativa. Es gratificante ver cómo disfrutan del aire libre, del deporte y de las salidas. Estas actividades llenan el alma”, expresó.
Coria también destacó la importancia de la colaboración de la comunidad en este proceso. “Agradezco profundamente a quienes nos abren las puertas y ven a los estudiantes con una mirada diferente. Es un trabajo colectivo que enriquece a todos”, concluyó.
La historia de Macarena, como la de otros jóvenes de la Escuela Chimeno Codó, es un testimonio del poder de la inclusión y el compromiso por brindar igualdad de oportunidades, mostrando que cada esfuerzo cuenta para construir un futuro más integrador.







