La construcción continúa sin recuperar los niveles de actividad que tenía en 2023 y permanece entre un 15% y un 20% por debajo de aquellos registros, según el último informe de coyuntura regional del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), elaborado por los economistas Gustavo Reyes y Jorge Day. En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos (94.5), Day comenzó por explicar que la construcción tiene un comportamiento particular frente a los movimientos de la economía general. «La construcción es un sector no tan estable como otros. Sube mucho más que el promedio de la economía y cuando ésta entra en recesión, al sector le va peor». En ese sentido, agregó: «Sus cambios son más bruscos, o muy bien o muy mal».
Al describir el momento actual, comparó la situación de la construcción con el comportamiento general de la economía argentina. «Este gobierno tuvo un fuerte ajuste, después algo se recuperó y estamos ahora en una situación de estancado. Y si hay venta y producción, pero es como que no podemos subir de nivel». Según indicó, algo similar ocurre con la construcción, aunque con una diferencia importante: el sector todavía se encuentra muy lejos de los niveles anteriores a la crisis. «Estamos unos 15 o 20% por debajo de lo que era el 2023. Entonces, tenemos un problema por ahí, un problema macro», sostuvo.
Para explicar las razones de esa caída, Day identificó tres grandes grupos dentro de la actividad: el sector público, los inversores que cuentan con fondos para desarrollar proyectos y las personas que construyen con sus salarios o mediante créditos. «Hay como tres tipos de agentes, de gente que construye. Uno es el sector público, otro son los inversionistas y el otro las personas comunes corrientes que tienen salario, toman crédito y, bueno, ese es su caso», explicó.

A partir de esa clasificación, señaló que los dos primeros grupos son los que recibieron el impacto más fuerte del escenario económico. Sobre la obra pública, explicó que la administración nacional tomó la decisión de reducir la inversión para alcanzar el equilibrio de las cuentas fiscales. «El gobierno nacional, el que está actualmente, dijo: no, tenemos que hacer un ajuste, las cuentas no cierran. Y es muy difícil cerrar, bajar el gasto echando gente, entonces es mucho más fácil ir reduciendo obra pública», afirmó. Para Day, esta decisión tiene consecuencias directas sobre la actividad constructora y no existen demasiadas perspectivas de que ese componente se recupere significativamente en el corto plazo.
«El gobierno sigue con problemas, es decir, no es que siga con problemas fiscales, pero está como muy ajustado. Entonces es medio difícil esperar un auge de obra pública», manifestó. El segundo grupo afectado es el de los inversores privados. Al respecto, recordó que durante 2022 y 2023 construir resultaba una alternativa relativamente económica para quienes disponían de dólares, debido a la relación entre el tipo de cambio y los costos de edificación. «En el 2023, como el dólar informal era tan caro, construir era relativamente barato», explicó.
Como ejemplo, señaló que en la Ciudad de Mendoza el costo de construcción rondaba los 500 dólares por metro cuadrado, incluso un poco menos. Sin embargo, después del cambio de escenario económico, el dólar quedó rezagado frente a la inflación y los costos de edificación aumentaron considerablemente medidos en moneda extranjera. «Ahora construir cuesta más o menos el doble o un poco más en dólares informales», indicó.
El problema, según explicó, es que los valores de venta de las propiedades no acompañaron esa evolución. «Los precios de los departamentos, las viviendas no aumentaban a ese ritmo. Entonces dicen: ‘la verdad que se está construyendo’, pero no era tan atractivo como lo era en el 2022 o 2023». Frente a las dificultades de la obra pública y de los inversores privados, Day consideró que el crédito hipotecario podría tener un papel importante en una eventual recuperación de la construcción. «Lo que uno podría tener más esperanza en el sector es por el lado del crédito hipotecario», expresó.
Recordó que durante 2024 hubo un crecimiento importante de este tipo de financiamiento, pero que en 2025 la situación cambió. «En el 2025, medio que se frenó, especialmente en la época de las elecciones legislativas». Además, señaló que el incremento de la morosidad en otros segmentos del crédito también repercute sobre las posibilidades de recuperación del financiamiento hipotecario.
«Pero si la economía empieza a mejorar un poco, creo que el crédito hipotecario podría recuperarse y empujar un poco la actividad», consideró.
Al analizar específicamente la situación de Mendoza, el economista sostuvo que la provincia enfrenta un escenario complejo porque no cuenta con sectores que estén generando un crecimiento suficientemente fuerte como para impulsar al resto de las actividades.
Para explicar las diferencias regionales, mencionó el caso de Neuquén, donde Vaca Muerta genera un movimiento económico importante, y también el de las provincias con actividad minera y las vinculadas al agro pampeano. «Lo tenés en Neuquén, con Vaca Muerta. Lo tenés en algunas mineras. Tenés el agro pampeano, que anda bastante bien», señaló.
En ese contexto, se refirió a Córdoba y Santa Fe, donde la industria atraviesa dificultades, pero el desempeño del sector cerealero permite compensar parcialmente esa situación. «Santa Fe y Córdoba tienen como un dilema porque les va mal en industria, pero aparte el cerealero les va muy bien. Entonces, bueno, los que tengan fondos al poder seguir en un sector sí son los que te empujan a la construcción», explicó.
Mendoza, en cambio, tiene dificultades para encontrar ese tipo de impulso. Day hizo referencia particularmente a la actividad petrolera, que históricamente tuvo un peso importante en la economía provincial, pero que presenta características diferentes a las de Vaca Muerta. «El petróleo no es el mismo que Vaca Muerta. Vaca Muerta tiene la ventaja de ser no convencional. Mendoza es convencional. Muchos de sus pozos están maduros, en el sentido de que se están agotando», explicó. A continuación, agregó: «Cuesta cada vez más la productividad, los rendimientos en Mendoza son bastante bajos en petróleo. Entonces eso viene cayendo».
También se refirió a la situación vitivinícola y a las dificultades que enfrenta la actividad por los cambios en los hábitos de consumo a nivel internacional. «La viticultura, como todos han escuchado, tiene el problema que en el mundo está cayendo el consumo de vino y aparte, bueno, el costo en dólares está un poco alto», señaló. A partir de este panorama, sintetizó las dificultades que encuentra la provincia para generar una dinámica económica propia: «No tenemos así un sector que genere una dinámica mejor de lo que esperamos».
Qué puede pasar con los costos si hay una devaluación
Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue el efecto que puede tener una devaluación sobre la construcción. Day explicó que estos movimientos cambiarios modifican los costos de los proyectos, aunque no todos los componentes reaccionan de la misma manera. «En la parte de costos tenés como dos grandes costos. Lo que es la parte laboral y la parte de lo que es materiales», explicó.
Según detalló, algunos materiales pueden aumentar siguiendo la evolución del dólar, especialmente aquellos que dependen de productos importados, aunque aclaró que no todos tienen necesariamente el mismo comportamiento. «Algunos materiales sí deben aumentar al ritmo del dólar, no creo que el cemento, pero otros materiales sí, por ejemplo, que se puedan importar, eso sí debe aumentar con el dólar», indicó.
En cambio, la mano de obra puede abaratarse medida en dólares porque los salarios no suelen acompañar inmediatamente una devaluación. «El dólar te aumenta, pero los salarios no aumentan al mismo ritmo», explicó. Y diferenció las consecuencias para los distintos sectores: «Los que somos asalariados te dicen: la verdad que es un problemón. Los que tienen que construir y se fijan en el costo laboral, la verdad que disminuye ese costo laboral».
Sin embargo, advirtió que una reducción de los costos no significa necesariamente que un proyecto inmobiliario vaya a resultar más rentable. Para eso también hay que observar qué sucede con los valores de venta de las propiedades. «Si uno tiene que vender, la pregunta es qué va a pasar con ese precio de departamento o la casa», planteó. En ese sentido, consideró que la estabilidad económica es un elemento fundamental para sostener el mercado inmobiliario, porque la incertidumbre también afecta las posibilidades de comercialización.
«Generalmente cuando es más estable la economía, los precios de departamentos valen más. Cuando es más inestable, obviamente cuesta venderlo», concluyó.


