Ayer, en este espacio nos referíamos a un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1930 y a cómo ese fue uno de los varios ataques que ha sufrido la idea democrática en nuestro país. En momentos de profunda crispación social y de hechos tan graves como los ocurridos en los últimos días debemos recordar que el ejercicio ininterrumpido de prácticas democráticas a lo largo de casi 40 años en la Argentina ha permitido conformar una serie de capas protectoras que deben ser preservadas. Se trata de acuerdos tácitos entre los distintos estratos de la sociedad que sirven para proteger de amenazas al sistema elegido por la ciudadanía.
Hoy prácticamente nadie pone en duda el principio de mayoría o la necesidad de garantizar la transparencia de los procesos electorales. Tampoco hay posiciones encontradas a la hora de reconocer la importancia del pluralismo de ideas y de la sucesión pacífica del poder.
Es probable que los hechos que conmocionaron a la opinión pública en las últimas horas hayan agregado un aún mayor espesor a una de esas capas: la sociedad, una vez más, mostró que no está dispuesta a tolerar la violencia política y exige a sus representantes respetar las reglas de juego democrático.
Hoy por hoy, buena parte de la ciudadanía demanda que los discursos políticos se enmarquen en un respeto del pluralismo de identidades y se alejen de la lógica amigo-enemigo, como así también de los enfrentamientos a «todo o nada» que dificultan la búsqueda de los consensos básicos que son fundamentales para superar las crisis y administrar los conflictos. Claro, los dirigentes no siempre responden a esta requisitoria con la altura necesaria.
Desde el regreso de la democracia en 1983, nuestro país ha logrado superar diversas tensiones y enormes desafíos, como la hiperinflación, los levantamientos de grupos militares y la crisis de 2001, por citar solo algunos, y ahora deberemos hacerlo frente a esta gravísima crisis actual. Fueron esos escudos los que sirvieron y sirven para fortalecer el desarrollo de la conciencia democrática de la gran mayoría de los argentinos, que entiende que ese es el mejor camino para custodiar los intereses del conjunto de la sociedad.




