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La desigualdad del ingreso muestra leves mejoras, pero persisten fuertes brechas estructurales

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Un informe basado en el coeficiente de Gini evidenció una leve mejora hacia fines de 2025, aunque especialistas advierten que la inequidad sigue siendo alta y que el mercado laboral es clave para revertirla. También alertan sobre el deterioro de la clase media y la desactualización de los indicadores oficiales.

La distribución del ingreso en la Argentina registró una leve mejora hacia el final de 2025, aunque mantiene diferencias significativas entre los sectores de mayores y menores recursos. Así lo indicó el investigador de la Universidad Católica Argentina, Eduardo Donza, quien analizó los últimos datos vinculados al coeficiente de Gini y la evolución de la desigualdad en el país.

En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, Donza explicó que “el coeficiente de Gini mide desigualdad en comparación con lo que son la distribución de ingresos reales, con lo que sería algo totalmente igualitario”, y detalló que ese escenario ideal implicaría que cada segmento de la población reciba un porcentaje proporcional de ingresos, algo que en la práctica nunca ocurre.

En ese marco, sostuvo que, más allá de algunas variaciones coyunturales, la desigualdad se mantiene como una constante. “Siempre se va replicando esa desigualdad de ingresos, que también una igualdad total de ingresos no va a haber nunca”, afirmó, al tiempo que remarcó que el comportamiento de esta variable está estrechamente vinculado al mercado laboral.

“El gran dinamizador tiene mucho que ver con la situación de pobreza en la población, porque no alcanzan los ingresos para una canasta normativa, y si no mejora el mercado de trabajo, vamos a tener un estancamiento también en la mejora de la distribución”, advirtió. En ese sentido, señaló que la estructura productiva del país es un factor determinante que aún no logra generar mejoras sostenidas.

Respecto de la composición de los ingresos familiares, el especialista indicó que históricamente el 85% provenía del trabajo y el 15% de otras fuentes, pero que actualmente los ingresos no laborales, como transferencias del Estado, alcanzan cerca del 20%. Sin embargo, aclaró que el empleo sigue siendo el principal motor de mejora social.

Indicadores oficiales y el concepto de «estrés económico»

Por otro lado, Donza cuestionó la vigencia de los parámetros oficiales para medir la pobreza y el costo de vida. En relación a la canasta básica, señaló que “hay algo muy puntual que fue que la composición de esa canasta está tomada a partir de una encuesta de los años 2004-2005”, lo que genera un desfasaje con la realidad actual.

En esa línea, explicó que los cambios en los hábitos de consumo y el incremento de gastos fijos como servicios, alquileres o salud impactan directamente en la percepción de los hogares. “Nos pasa eso que no es solamente una sensación, que es una realidad, que cuando terminamos de pagar todos los gastos fijos queda poco dinero para el resto”, afirmó.

A partir de estudios propios, el investigador introdujo el concepto de “estrés económico”, vinculado a la percepción de insuficiencia de ingresos. “Un 50,5% de la población nos estaba diciendo que no le alcanzaba el ingreso para los gastos” en 2024, indicó, y agregó que en 2025 ese porcentaje “disminuyó del 50,5 al 46%”, lo que marca una mejora, aunque aún elevada.

En ese contexto, también analizó el comportamiento del consumo y las expectativas sociales. “Va aumentando la expectativa también de consumo, y va aumentando un bienestar que también es relativo”, explicó, al señalar que incluso en sectores con ingresos medios o altos puede persistir la sensación de insuficiencia.

El deterioro de la clase media y la pobreza estructural

Uno de los puntos más relevantes del análisis fue el deterioro de la clase media en las últimas décadas. Donza coincidió en que la Argentina experimentó una transformación profunda en su estructura social. “La particularidad argentina de una clase media muy expandida se fue disminuyendo con el tiempo por las diferentes adversidades”, afirmó.

Al respecto, recordó que décadas atrás una familia podía sostenerse con un solo ingreso, situación que hoy resulta cada vez más difícil. “Hoy vemos cómo muchas veces, aunque sea de clase media, los salarios no alcanzan para mantener pautas de consumo de clase media”, sostuvo.

Asimismo, describió un proceso de caída progresiva en la calidad de vida. “Hemos tenido crisis, muchas veces como bajar 10 escalones de una escalera y después cuando se sube no se recuperan los 10 que se habían bajado”, graficó, al explicar que la recuperación suele ser parcial y desigual.

En paralelo, advirtió sobre la consolidación de la pobreza estructural en un sector importante de la población. “Hay una parte importante de la población que está como más del 25%, uno de cada 4, consolidado en una situación de pobreza”, señaló, y agregó que en muchos casos se trata de hogares que atraviesan esa condición desde hace varias generaciones.

Finalmente, Donza insistió en que el problema de fondo es estructural y requiere políticas sostenidas en el tiempo. “Tiene mucho que ver con el mercado de trabajo y con las mejoras que no se dan en la estructura productiva”, afirmó, y concluyó que “tienen que ser políticas de Estado sostenidas en el tiempo, independientemente del color político del gobierno”.

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