En los últimos días, un pequeño y simpático animal despertó curiosidad y ternura en redes sociales. Se trata de la marmosa, un diminuto marsupial que muchos confundieron con un “monito”, pero que en realidad forma parte de la fauna silvestre mendocina y tiene una fuerte presencia en San Rafael.
Esta especie cuenta con una amplia distribución en la provincia de Mendoza, con poblaciones importantes en departamentos como San Rafael, Santa Rosa, San Carlos y Tunuyán.
En el sur mendocino, uno de los sitios donde se las ha identificado es la reserva natural de Sierra Pintada, un entorno que reúne las condiciones ideales para su desarrollo.
En Argentina se reconocen seis especies de marmosas, de las cuales dos habitan en Mendoza. Son animales muy pequeños, de pelaje suave en tonos tricolores, con orejas grandes y una cola prensil que les permite desplazarse con notable agilidad tanto por el suelo como entre arbustos y árboles.
Su aspecto delicado y su tamaño explican, en parte, el asombro que generan cuando aparecen en imágenes o videos.

Aunque popularmente se las llama “monitos”, las marmosas son marsupiales, lo que las emparenta con animales como los canguros y koalas. Y sí: no solo existen marsupiales en lugares lejanos, también forman parte de la fauna argentina. Son nocturnas y muy discretas, por lo que rara vez son vistas durante el día.
Su alimentación es principalmente insectívora. Consumen insectos, arácnidos y pequeñas lagartijas, aunque también incorporan frutas y brotes tiernos según la disponibilidad. Este hábito las convierte en controladoras naturales de insectos, cumpliendo un rol ecológico clave en los ambientes donde habitan.
A diferencia de las comadrejas overas, las marmosas no poseen marsupio, es decir, no cuentan con la clásica “bolsa” para alojar a sus crías. Este rasgo, sumado a sus hábitos nocturnos y su tamaño diminuto, hace que pasen desapercibidas para la mayoría de las personas.
Además, ocupan un lugar importante dentro de la cadena alimentaria, ya que son presas de zorros, gatos silvestres, serpientes y aves rapaces. Su presencia contribuye al equilibrio del ecosistema mendocino, reforzando la importancia de conservar los ambientes naturales donde viven.
Si bien su ecología se estudia en la provincia desde hace más de una década, aún existen pocos trabajos sobre su fisiología, lo que deja numerosas preguntas abiertas sobre cómo funcionan estos pequeños marsupiales y cómo responden a los cambios ambientales.
La viralización reciente sirvió para algo más que generar simpatía: puso en primer plano a una especie poco conocida que habita en San Rafael y que cumple un papel silencioso pero fundamental en la naturaleza local.







