Hay verdades que el tiempo, lejos de gastarlas, se encarga de devolvernos en forma de cicatrices. Tal como lo señala un reciente artículo publicado por el diario La Nación, el Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a exhibir su libreto de siempre: le exigió al Gobierno de Milei profundizar la baja de subsidios y aplaudió con fervor técnico el ajuste fiscal en curso, sugiriendo un supuesto «foco en los más vulnerables» que no es más que un eufemismo cínico para maquillar la intemperie a la que se empuja a millones de argentinos.
Ya lo decíamos en este mismo espacio hace casi nueves años (editorial del 27 de enero de 2018), cuando el gobierno de Mauricio Macri decidió regresar al organismo de crédito y abrirle las puertas de nuestra soberanía económica: las recetas del Fondo nunca son gratis, y sistemáticamente han perjudicado a amplias franjas de la sociedad argentina. Aquella promesa de que el endeudamiento y la motosierra traerían un orden duradero chocó contra la pared de la realidad, dejando un tendal de crisis, recesión y pérdida de derechos que hoy, bajo nuevas ropas y discursos recargados, se pretende repetir con idéntica crueldad.
Cada vez que el termómetro económico marca fiebre, la respuesta de los tecnócratas de Washington —avalada con docilidad por una dirigencia local que solo tiene lealtad con los acreedores externos— es recetar más de lo mismo: desfinanciar provincias, recortar jubilaciones, asfixiar el consumo interno y desproteger el entramado industrial y productivo regional.
Exigir más recortes en los subsidios energéticos y sociales —ahora bajo el paraguas de una administración libertaria que terceriza el ajuste en las planillas de Washington— demuestra que el centro de gravedad de estas políticas sigue siendo el mismo: transferir recursos hacia arriba a costa de la subsistencia de los trabajadores, los jubilados y las clases medias. La historia no se repite como comedia, sino como tragedia, y nos confirma una vez más que la subordinación a los mandatos externos se paga siempre con el sufrimiento de las grandes mayorías.


