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lunes 18, de octubre , 2021

Las reflexiones de un vendedor que lleva 46 años pedaleando hasta el trabajo

Daniel Antonio Cola es uno de esos personajes que uno encuentra en el centro mendocino y con quien vale la pena sentarse a charlar y conocerlo un poco más. Este domingo cumple sus 64 años y, desde hace 46, se desempeña en una de las clásicas tiendas de indumentaria masculina que aún quedan en pie en Mendoza.

El hombre está separado, tiene dos hijos y dos nietas, aseguró que lo suyo nunca fue el estudio. Por ello, en lugar de completar sus estudios secundarios decidió salir a trabajar. Arrancó en una sastrería y a los 18 años llegó a Ñaró, que luego se transformó en Britches.

“Hace 46 años que estoy en la empresa, toda una vida y le debo mucho más. Gracias a este trabajo pude brindarle educación a mis dos hijos y llevar adelante la economía de mi hogar. He dejado todo en la empresa y también he sido retribuido por mi fidelidad”, aseguró.

Daniel arrancó siendo un cadete. Limpiaba la vereda y arreglaba los estantes hasta que cinco años después de permanecer en la tienda comenzó a atender a la gente. «Fue lo que más anhelaba. Hoy, a 46 años de ese hecho y a punto de jubilarme puedo decir que soy un empleado con llave. Yo abro y cierro el local», advirtió.

 

Al trabajo, en bicicleta

 

Tantas son las anécdotas que Daniel tiene para contar que no le alcanzan las horas del día. Por arrancar relata en forma seria, pero simpática que desde hace 23 años llega a trabajar en bicicleta. ¿El motivo? Porque esos cuatro pasajes que hubiera utilizado, en realidad, fueron destinados para que sus hijos pudieran asistir a la escuela.

“No opté por andar en bici para relajar la mente, sino para abaratar costos”, admitió.

El tiempo pasó, Daniel pudo comprarse su auto, pero paradójicamente lo tiene estacionado en la cochera de su casa:  “Al coche lo uso los domingos para salir a pasear, es modelo 2013 y tiene sólo 21.000 kilómetros. Hay veces que ni salgo en él, por ello, le doy arranque y ahí lo tengo. Me acostumbré a andar en la bici y lo hago durante todo el año”.

Tanta es la adoración por su bicicleta que hasta tiene una anécdota con ella. “Recuerdo que un día, uno de los gerentes de las sucursales me convocó para ir a ordenar el local. Fue mientras estaba en plena remodelación. La verdad es que no me correspondía asistir, pero acepté porque así soy yo. Cuando llegamos, las persianas estaban abiertas. Habían entrado a robar. Dejé la bici en un poste de la luz, afuera del local para acomodar el lío que habían dejado los chorros y cuando salgo a buscarla me la habían robado”, recordó.

Ante el hecho, su jefe se contactó con los dueños de la empresa (que se encontraban en Buenos Aires) y “decidieron obsequiarme una bicicleta nueva que es la que tengo hasta la actualidad”, contó.

 

A punto de jubilarse

 

Si bien este domingo Daniel cumplió sus 64 años ya está pensando en lo que vendrá. Es que en un año se jubila y se retira de la empresa.

“No te digo que no voy a llorar, no voy a extrañar a mis compañero o el trato con la gente. Pero tengo muy claro que he dado todo en la vida por este trabajo y que merezco descansar y vivir sin horarios ni responsabilidades”, confesó.

A la hora de narrar qué tiene pensado, el trabajador sólo se limitó a decir: “Salir a pasear con mis dos nietas, Monserrat y Alina. Luego agarrar la bici, si así lo deseo e ir a pasear sin destino ni tiempo. Creo que voy a disfrutar como no lo he hecho hasta ahora”.

 

 

Consultado si el oficio, la responsabilidad y la obsesión por el trabajo le quitó algo en su vida personal manifestó: “La forma la heredé de mis padres, uno siempre tiene que ser responsable con su trabajo, con lo que te permite alimentar a la familia y gracias a Dios este trabajo me lo permitió. Tal vez de lo único que me arrepiento es de no haber podido pasar más tiempo con mis hijos o, en verdad, de haber podido estar más presente en sus obligaciones escolares como los actos o reuniones de padres”.

 

Se lo va a extrañar

 

Sus compañeros lo definen como el “mejor de todos”. “Trabajador, pero sobre todo buena gente y muy compañero”, expresó Juan quien comparte hace 30 años el oficio con él.

En tanto Carina, otra de sus compañeras lo consideró como “un hombre respetuoso, alegré y muy responsable”.

 

Daniel junto a Juan y Carina, sus compañeros de sucursalFuente: El Sol
Fotos: Gentileza – El Sol

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