Tal como informáramos en nuestra edición de ayer, una junta médica determinó que la muerte de un niño de 5 años en la localidad neuquina de Plottier ocurrió porque ingirió dióxido de cloro que le habría dado su familia como prevención contra el Covid-19. El hecho volvió a poner en el centro de la escena la discusión acerca de cómo influyen las malas informaciones en un tema tan delicado como la salud pública en medio de una pandemia como la que estamos atravesando, y cuál es el rol que tenemos los comunicadores al respecto.
Sabemos que las redes sociales, más allá de lo positivo que tienen, son un caldo de cultivo ideal para quienes quieren dar mala información o manipular a sus públicos. Sin embargo, los medios de comunicación tradicionales también debemos observar una particular prudencia a la hora de informar acerca de hechos y situaciones que, por falsas o inválidas, podrían convertirse en peligrosas para quienes consumen nuestros productos comunicacionales.
A principios de agosto, la periodista Viviana Canosa se convirtió en uno de los nombres más pronunciados cuando al cierre de su programa Nada personal (de Canal 9) bebió de una botella que según ella contenía dióxido de cloro y recomendó a sus seguidores hacer lo mismo para luchar contra el Covid ya que, según aseguró la conductora, “oxigena la sangre, me viene divino”.
Los especialistas médicos sostienen, casi de manera unánime, que la ingesta de dióxido de cloro y el clorito de sodio reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y si se ingieren, pueden causar irritación en el esófago y estómago, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea e intoxicaciones severas, entre otras complicaciones que pueden incluir graves trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales.
Los medios de comunicación seguimos en funcionamiento aún con las medidas de aislamiento porque somos considerados servicio esencial. Es por ello que debemos seguir practicando un periodismo con enfoque en la responsabilidad y dejando de lado, aunque parezca una utopía, los intereses particulares. En estos momentos más que nunca un periodismo comprometido y prudente es clave para no generar más daño en la sociedad.




