Como cada 20 de diciembre, ayer se celebró el Día Internacional de la Solidaridad Humana. Una fecha elegida en 2005 por Naciones Unidas para destacar la solidaridad como un valor fundamental y universal para las relaciones internacionales de este siglo.
El objetivo de esta efeméride es el de reafirmar el compromiso por parte de las naciones del mundo en la construcción de un espacio de solidaridad y de paz, así como la aplicación de iniciativas para la erradicación de la pobreza y sensibilizar a la opinión pública acerca de la importancia de la solidaridad como valor.
El 2020, y con la pandemia recién en marcha, el filósofo y filoso esloveno Slavoj Žižek publicó un ensayo donde realizaba –según sus palabras- «una reflexión de urgencia» sobre la crisis desatada por la enfermedad y su relación con «la política, la economía, el miedo y las libertades».
En la introducción de “Pandemia” (así se llama el libro), Žižek afirmaba que «la nueva normalidad tendrá que construirse sobre las ruinas de nuestras antiguas vidas» o surgirán barbaries. No se refería únicamente a reforzar los sistemas de salud de todo el mundo, sino a reformular desde los cimientos la mayoría de nuestras democracias. Por ejemplo, «la globalización, el mercado capitalista y la transitoriedad de los ricos» eran entonces conceptos favorecedores para la propagación del virus, así que proponía aprovechar el momento para mejorar la organización mundial. En su opinión, para que esto perdurara y lo hiciera a nivel global, había que limitar la soberanía de los estados-nación, pero usar sus herramientas para proteger a los más débiles.
Woody Allen escribió en 1979: “La humanidad está en un cruce de caminos. Uno lleva a la desesperación y la desesperanza. El otro a la extinción total”. Žižek se considera “un optimista desesperado” con vistas a la realidad del mundo cuando la pandemia comience a decrecer. Lamentablemente, la nueva realidad post pandemia demostró que muchas de nuestras desuniones siguen vivas y más vigentes que nunca, y que la solidaridad no es una actitud demasiado extendida, sobre todo entre los que conducen el mundo.




