Las profundas deficiencias estructurales del sistema de previsión social argentino cruzaron las fronteras y comenzaron a reflejarse en los principales medios de comunicación de Europa. Un reciente informe del diario El País de España, titulado «El descanso que no llega: con las jubilaciones por el suelo, más adultos mayores salen a trabajar en la Argentina», expuso cómo la pérdida de poder adquisitivo obliga a la población mayor de 65 años a reinsertarse en el mercado laboral. El doctor Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires y profesor invitado en las universidades Autónomas de Madrid y Barcelona, analizó esta alarmante dinámica. El funcionario advirtió que la bajísima tasa de sustitución salarial empuja a los adultos mayores a aceptar empleos de baja calificación y mal remunerados por pura necesidad de subsistencia. Asimismo, detalló cómo este fenómeno genera una distorsión macroeconómica que desplaza a los jóvenes de los puestos formales en un mercado que no genera empleo genuino desde hace 15 años.
La paradoja de la edad jubilatoria: de cómo jubilarse a cómo evitarlo
La realidad de los pasivos en la Argentina contrasta de forma drástica con los estándares de la Unión Europea, donde las pensiones garantizan condiciones de vida dignas e institucionales. «Este reflejo de la prensa internacional no es para nada sorprendente; es una cruda realidad que nosotros venimos señalando con consistencia técnica desde hace largo tiempo. Sorprende, lógicamente, cuando se lo mira desde la realidad de un jubilado europeo que, sin ser necesariamente el mejor pago de su región, cuenta con una pensión que le garantiza una vida digna y el descanso real», comenzó exponiendo el doctor Semino.
«Hace alrededor de ocho o diez años, dentro de la Defensoría de la Tercera Edad, armé un equipo de abogados para ayudar a la gente que cumplía la edad legal a realizar sus trámites previsionales y evitar que cayeran en manos de gestores inescrupulosos. Hoy, el panorama dio un giro trágico: la gente que llega a los 65 años ya no viene a las oficinas a consultar cómo jubilarse, sino a implorar cómo evitar jubilarse», comparó a modo de ilustración.
«Es un cambio de conducta masivo. Instalamos una terminal de ANSES en nuestra sede y vemos que las personas, apenas constatan que reúnen los requisitos para el retiro, buscan en paralelo un segundo empleo formal o informal porque saben perfectamente lo que les espera al mes siguiente«, declaró ante los micrófonos de FM Vos 94.5.
La trampa de la tasa de sustitución y el desplazamiento de la juventud
El quiebre financiero del sistema previsional reduce a la mitad los ingresos de los trabajadores que pasan a la pasividad, forzándolos a competir en el mercado laboral activo. «La raíz de esta crisis radica en la tasa de sustitución, que en la Argentina promedia apenas el 50% para aquellos que logran escapar a la miserable jubilación mínima. Estamos hablando de que una persona en actividad que percibe un salario de un millón de pesos, al mes siguiente de jubilarse pasa a cobrar exactamente la mitad de ese valor, mientras que más de cuatro millones y medio de abuelos perciben una mínima que apenas cubre el 25% de la canasta de necesidades básicas. Para mantener un estándar mínimo de vida y no caer en la indigencia, el adulto mayor se ve obligado a trabajar», aseveró el defensor de la Tercera Edad.

«Esto genera estadísticas verdaderamente terribles que demuestran que este no es un problema exclusivo de los ancianos, sino un drama que afecta a toda la estructura social y destruye el futuro de la juventud en el país. En la Argentina no se generan nuevos puestos de trabajo formales desde hace 15 años. Al estar el mercado laboral completamente congelado, se produce un solapamiento. El jubilado termina ocupando puestos de baja calificación y mal pagos por necesidad extrema, restándole de manera directa a los jóvenes la posibilidad de ingresar por primera vez al mercado de empleo registrado», explicó claramente.
Economía de la longevidad versus el modelo bismarckiano
La seguridad social a nivel global ha migrado de manera decidida hacia esquemas de financiamiento alternativos, mientras que la dirigencia política local insiste en sostener ecuaciones de aportes del siglo pasado. Esta resistencia al cambio se manifiesta en el anacronismo del sistema. El debate político e institucional en la Argentina insiste en calcular la sostenibilidad de las cajas basándose exclusivamente en la relación de un trabajador y medio activo por cada pasivo. «Las cuentas que se hacían durante la época del fordismo, es decir, la ley Bismarck de fines del siglo XIX, reactivada a mediados del siglo pasado, ya no funcionan», advirtió el doctor Eugenio Semino.
Según la visión del entrevistado, esta fórmula tradicional asume un mercado laboral de empleo pleno, industrial y lineal que ha quedado completamente superado por la realidad tecnológica contemporánea.
La desconexión con la realidad queda en evidencia al observar la transición internacional operada por las potencias económicas. Desde fines de los años 80, las naciones centrales comprendieron que el empleo formal tradicional —jaqueado por la automatización, la digitalización y la robótica— ya no es capaz de financiar por sí solo la previsión social. Países como Alemania o los Estados nórdicos reconfiguraron sus matrices tributarias y hoy sostienen sus cajas jubilatorias mediante el apalancamiento de rentas alternativas, tales como las financieras, las mineras o las petroleras, diversificando los ingresos del sistema para no asfixiar el costo laboral del sector privado.
El cambio de paradigma internacional incorpora además la variable del predictor de salud como un activo macroeconómico fundamental. En los países desarrollados se fomenta activamente el empleo optativo y flexible del adulto mayor, una estrategia sustentada en evidencia científica. «Hay predictores de salud que indican que se nos va a enfermar mucho menos, pero al margen de eso, se da otra condición: sigue siendo un consumidor esa persona», apuntó Semino.
«Un anciano que se mantiene en actividad intelectual y física consume más, genera riqueza impositiva directa a través de sus gastos y le cuesta sustancialmente menos al sistema de salud pública, ya que la actividad previene afecciones crónicas y el aislamiento», añadió.
De este modo, el estancamiento previsional argentino no es solo un problema de falta de fondos, sino una alarmante carencia de visión conceptual frente a una revolución demográfica que el resto del mundo ya transformó en un motor de desarrollo.
La doble crisis: Inteligencia artificial, longevidad y desamparo humanitario
La falta de adaptación legislativa a los cambios demográficos globales coloca al país a las puertas de un colapso institucional y sanitario de cara a las próximas décadas. «Hoy, el fenómeno de la longevidad coincide globalmente con la irrupción de la inteligencia artificial, lo que está obligando a reformular los sistemas productivos enteros en países como Alemania. Mientras tanto, en la Argentina la dirigencia política no debate absolutamente nada sobre el futuro previsional«, advirtió Semino.
«Nos encontramos ante una doble crisis. Por un lado, no planificamos la reconfiguración demográfica que se viene con la caída de la natalidad y, por el otro, no gestionamos una urgencia humanitaria cotidiana donde los jubilados actuales se mueren de hambre, no tienen acceso a los medicamentos esenciales y terminan durmiendo en situación de calle«, completó.







