La salud mental y los consumos problemáticos se han consolidado como los desafíos sanitarios más severos y complejos de la pospandemia en la provincia de Mendoza. En un escenario de demanda de atención permanentemente alcista, las problemáticas ligadas a la depresión, los trastornos de ansiedad y las adicciones han registró un crecimiento exponencial en la última década, superando con creces la capacidad histórica de respuesta del sistema público. Los indicadores más dramáticos provienen de la tasa de suicidios consumados en territorio mendocino, la cual exhibió un alarmante incremento del 40% interanual en la última medición consolidada, empujando al Estado provincial a reestructurar su red de cuidados para evitar el colapso.
El Dr. Manuel Vilapriño, director de Salud Mental y Consumos Problemáticos de la Provincia de Mendoza, trazó un crudo diagnóstico sobre el impacto de la crisis socioeconómica, la temprana edad de inicio en las adicciones, la necesidad de reformular aspectos técnicos de la legislación nacional y el rol estratégico que cumplen los hospitales monovalentes en la contención de cuadros agudos.
La punta del iceberg: el alarmante aumento y el cambio metodológico
El incremento en las estadísticas provinciales refleja tanto el crecimiento real de la problemática en el tejido social como una notable mejora en los sistemas de registro epidemiológico locales. «La demanda de atención en salud mental sigue siendo de carácter creciente. En Mendoza la problemática se comporta de manera similar a la del resto del país; no es un fenómeno que se instaló con la pandemia, sino que venía aumentando de forma sostenida desde hacía décadas. Hace 29 años, cuando inicié mi residencia en psiquiatría, el mundo de las adicciones existía, pero era un universo paralelo que no tenía el volumen actual. Hoy por hoy, los consumos problemáticos ocupan un rol absolutamente mayoritario dentro de la demanda sanitaria en el campo mental», dijo Manuel Vilapriño ante los micrófonos de FM Vos 94.5.
«En salud mental todo es multifactorial: influyen la biología y la genética, pero también los determinantes ambientales, psicológicos, culturales y económicos. Los cuadros de depresión y trastornos de ansiedad se han duplicado o triplicado si comparamos los indicadores de los últimos años», señaló.
«La tasa de suicidios en Mendoza registró un aumento interanual del 40% entre 2023 y 2024, situándose en 11,8 casos cada 100.000 habitantes. Este incremento responde a la realidad, pero también está influenciado por un cambio metodológico: hoy la provincia registra de manera mucho más precisa y propia los intentos y los suicidios, dejando de depender de las estadísticas del Ministerio de Seguridad de la Nación, que solían presentar subregistros. El suicidio es la punta del iceberg de un problema mucho mayor», resaltó.
«En Mendoza, la tasa de suicidios consumados más alta se concentra en el rango de los 30 a 39 años, pero lo que más nos alarma y nos interpela como sociedad son los reiterados intentos de suicidio detectados en niños de apenas 5, 10 y 11 años, estrechamente ligados a la disfuncionalidad de los vínculos familiares más íntimos», amplió.

Expansión de la red sanitaria: catorce guardias activas y el rol de los ambulatorios
Para amortiguar la demanda, el Ministerio de Salud provincial incrementó un 50% su personal específico y descentralizó la primera línea de contención en efectores generales. «El sistema preventivo del Estado y las ONG que trabajan en red funciona como amortiguador para que la problemática no se desborde, pero dada la gravedad actual, la prevención tradicional resulta insuficiente si no se sostiene en el tiempo. Para mitigar esta situación, en los últimos dos años ejecutamos una reestructuración profunda: aumentamos un 50% el personal específico en salud mental y pasamos de tener una única guardia médica precaria en toda la provincia a contar con 14 guardias completas en salud mental en los diferentes hospitales generales, sumado a la atención permanente de la línea telefónica 148 (opción 0) que funciona las 24 horas de lunes a lunes», comentó Vilapriño.
«Mendoza dispone actualmente de 281 camas destinadas a la internación por salud mental, una cifra que excede holgadamente las 200 camas que sugiere la Organización Mundial de la Salud para nuestra densidad poblacional. Sin embargo, sabemos que el colapso mayor se percibe en los consultorios externos y en los turnos ambulatorios de los centros de salud o de adicciones, que es donde se concentra la mayor demanda. Para abordar esto, estamos priorizando la estrategia de ‘escucha espontánea’. Buscamos que nadie se retire de un efector público sin ser escuchado, capacitando para ello no solo a los profesionales médicos, sino también al personal administrativo y de apoyo. El gran problema de fondo que sufre el paciente de salud mental es la falta de escucha y de comprensión por parte de su entorno», explicó.
El debate de la Ley de Salud Mental y la defensa de los hospitales especializados
Las autoridades mendocinas sostienen una postura técnica e intermedia respecto a la modificación de la Ley 26.657, rechazando tanto la inmutabilidad de la norma como su derogación total. «Frente al debate de la modificación de la Ley Nacional de Salud Mental (N° 26.657), en Mendoza sostenemos una posición intermedia. Históricamente, la discusión ha estado sujeta a posturas muy binarias: quienes afirmaban que la ley era perfecta e inmutable, y quienes sostenían que era perjudicial y debía derogarse. Creemos que la norma tiene puntos sumamente virtuosos que otorgaron derechos a personas que carecían de ellos y fomentaron el trabajo interdisciplinario, pero después de más de una década de vigencia requiere modificaciones técnicas urgentes. El principal aspecto por revisar es el criterio de ‘riesgo cierto e inminente’ requerido para proceder a una internación involuntaria. Se trata de un tecnicismo tan restrictivo que termina limitando la capacidad de intervenir en situaciones de extrema vulnerabilidad, dejando al paciente desprotegido», expuso el director de Salud Mental de la provincia.
«Respecto de los hospitales monovalentes o especializados, como El Sauce, la ley nacional contempla su cierre definitivo. En Mendoza marcamos una clara disidencia técnica sobre este punto: estos hospitales especializados no deben cerrarse. De hecho, fueron el pulmón que sostuvo la crisis de internación durante la pandemia cuando los hospitales generales no daban abasto. No es el hospital en sí mismo el que manicomializa a una persona, sino la lógica manicomial de una sociedad que excluye. Lo que impide dar de alta a un paciente estabilizado no es la institución, sino la falta de una red familiar o de un entorno afectivo que lo acompañe afuera», diferenció.
«Por eso, en Mendoza optamos por refuncionalizarlos e integrarlos a una red de internación provincial coordinada, logrando que si un efector del Sur como el Hospital Shestakov se encuentra saturado, la red derive inmediatamente el caso al Hospital de Alvear u otras dependencias para garantizar el derecho de asistencia», detalló al cierre de la comunicación.



