El departamento y localidades aledañas están ubicados en el nivel 3 de una escala nacional que llega hasta 4. El geólogo Julián Olivar recordó el terremoto de 1929, que dejó 30 víctimas fatales, y advirtió que este tipo de fenómenos puede repetirse, aunque no es posible saber cuándo.
San Rafael se encuentra en una zona considerada de peligrosidad sísmica elevada, de acuerdo con la clasificación utilizada por el Instituto Nacional de Prevención Sísmica. La región está ubicada en el nivel 3 de una escala que va desde 0, correspondiente a una peligrosidad muy reducida, hasta 4, considerada muy elevada. El dato cobra especial relevancia al observar la actividad del denominado Bloque o Macizo de San Rafael y recordar el terremoto ocurrido en 1929 en la zona de Villa Atuel y Las Malvinas.
El tema será abordado en una capacitación sobre gestión integral del riesgo de desastres que se realizará de manera virtual y contará entre sus expositores con el doctor en Geología y docente de la Universidad de Buenos Aires Julián Olivar.
En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos (94.5), el especialista explicó que el Bloque de San Rafael está compuesto por formaciones geológicas muy antiguas que presentan actividad en la actualidad. “El bloque de San Rafael, o macizo de San Rafael, es un bloque de basamentos, o sea, rocas muy antiguas que están levantadas al este de la cordillera y que presentan una actividad actual, digamos que continúa levantándose”, señaló.
Esa actividad puede comprobarse, entre otros elementos, mediante los movimientos sísmicos que registran los instrumentos. “Eso lo sabemos porque justamente presenta sismicidad. ¿Qué es sismicidad? Bueno, terremotos. Podemos medir con los sismógrafos, que se pueden detectar terremotos en todo el sector”, explicó Olivar.
Parte de esas formaciones puede observarse al recorrer sectores del río Atuel, donde las rocas afloran a la superficie. El especialista indicó además que establecer límites absolutamente precisos para el bloque resulta complejo porque las fallas pueden extenderse más allá de los lugares donde las formaciones son visibles.
Hacia el este mencionó la falla de Las Malvinas, también denominada Cerro Negro, ubicada a pocos kilómetros al oeste de la ciudad de San Rafael. Hacia el sur aparece el sector de La Payunia, caracterizado por sus formaciones volcánicas. Sobre este último punto, Olivar aclaró que muchos de esos volcanes son antiguos y actualmente no están considerados activos, por lo que no constituyen el aspecto central de la gestión del riesgo que se analizará en la capacitación.
Consultado directamente sobre la posibilidad de que San Rafael pueda experimentar un terremoto de intensidad considerable, Olivar fue contundente y recordó un episodio que está próximo a cumplir un siglo.

“Completamente sí. Justamente, por ejemplo, en 1929 hubo un gran terremoto en la zona al sur de Villa Atuel y Las Malvinas. Estos dos estaban poblados y tuvo 30 fatalidades”, señaló.
Aquel terremoto constituye uno de los antecedentes fundamentales para estudiar el comportamiento sísmico de la región. Según explicó el geólogo, todavía existen interrogantes científicos sobre el episodio. “Queda como la incógnita de dónde fue el hipocentro de ese terremoto, o sea, dónde se situó el terremoto y qué podría pasar eventualmente si se repitiera”, sostuvo.
Precisamente, parte de la exposición de Olivar estará destinada a presentar su estudio sobre el terremoto de 1929 y comparar sus resultados con los criterios y recomendaciones establecidos por el Instituto Nacional de Prevención Sísmica.
El especialista explicó que el mapa de zonificación sísmica nacional permite dimensionar la situación en la que se encuentra el departamento. “Este mapa está dividido en cinco zonas que van del nivel 0, que es una peligrosidad muy reducida, al nivel 4, que es una peligrosidad muy elevada, y San Rafael y las localidades aledañas se encuentran en un nivel 3, que sería una peligrosidad elevada”, detalló.
Esto no significa que los movimientos sísmicos de importancia sean permanentes. De hecho, buena parte de la actividad que actualmente puede medirse en la región pasa inadvertida para la población. “Principalmente son terremotos de muy baja magnitud, que tal vez la gente no los percibe, y no generan ningún tipo de daño, pero bueno, con los instrumentos, con el sismógrafo, se pueden detectar”, indicó.
Uno de los desafíos, según explicó, es que los grandes fenómenos pueden tener períodos de recurrencia que exceden ampliamente la vida de una persona. Esa distancia temporal contribuye a que los antecedentes pierdan presencia en la memoria colectiva y disminuya la percepción del riesgo.
“Ya estamos hablando de casi 100 años desde aquel terremoto, y muchas veces lo que pasa con este tipo de fenómenos es que la recurrencia, o sea, qué tan seguido ocurren, es un tiempo mucho mayor de la escala de vida humana”, expresó.
Por eso, la imposibilidad de establecer cuándo podría producirse un nuevo terremoto importante no elimina la necesidad de prevención. “Nos olvidamos de que esto puede volver a pasar, si bien no sabemos cuándo, pero siempre obviamente hay que estar preparado”, remarcó Olivar.
La capacitación será el viernes 18 de septiembre a las 9 horas y se desarrollará de manera virtual a través de Google Meet. La inscripción es abierta y el acceso fue difundido mediante un código QR y a través de redes sociales.
La propuesta es impulsada por Protección Civil de San Rafael y forma parte de un ciclo de capacitaciones. Según explicó Olivar, una primera instancia estuvo orientada a la actividad neotectónica, mientras que este segundo encuentro profundizará específicamente en la sismicidad y la peligrosidad sísmica de la región.
Además del análisis de los movimientos registrados en la zona y del terremoto de 1929, la jornada incluirá contenidos vinculados con sistemas de alerta temprana. De esta manera, la capacitación buscará no solamente profundizar el conocimiento científico sobre las características geológicas de San Rafael, sino también fortalecer una cultura de prevención frente a un riesgo que, aunque pueda permanecer silencioso durante décadas, forma parte de las condiciones naturales de la región.


