En el vasto cielo que corona el cerro Aconcagua, en Mendoza, un fenómeno captó la atención de quienes realizaban un ascenso. Una nube lenticular, con su característica forma de platillo, se posó sobre la cima de la montaña más alta de América, creando una escena única, digna de una obra de arte.
La imagen, captada por el lente del fotógrafo mendocino Pablo Betancourt el 10 de febrero de este año, fue compartida recientemente en Instagram por Grajales Expeditions, despertando admiración y curiosidad.
“La nube del Aconcagua presagia mal tiempo y tormenta inminente”, señala la descripción de la imagen, donde se muestra la cara Norte del coloso, la ubicación de los campamentos Guanacos y Cólera y dónde se encuentra Nido de Cóndores. Además de la demarcación de la ruta normal.

La fotografía de Betancourt no solo documenta la belleza efímera de las nubes lenticulares, sino que también resalta la imponencia del Aconcagua, un coloso que desafía al cielo y que, por un momento, pareció sostener en su cumbre un pedazo de las alturas.
¿Qué son las nubes lenticulares?
Las nubes lenticulares, conocidas técnicamente como Altocumulus lenticularis, son formaciones nubosas que adquieren una forma de disco o lente convexa.
Se forman principalmente en zonas montañosas, donde el aire fluye sobre las cimas y crea ondas atmosféricas. A medida que este asciende y se enfría, la humedad se condensa formando estas nubes estacionarias que, aunque el aire fluye continuamente a través de ellas, parecen inmóviles en el cielo.

El Aconcagua
El Aconcagua, con una altitud de 6,960.8 metros sobre el nivel del mar, no solo es el pico más alto fuera de Asia, sino también un símbolo de la majestuosidad de los Andes.
Esta montaña posee dos cumbres, conectadas por la cresta del Guanaco, y es hogar de varios glaciares, como los Polacos, Horcones Superior e Inferior.
Fuente: El Sol







