La organización Oxfam Intermón acaba de presentar en el Foro Económico Mundial de Davos el informe "Beneficiarse del Sufrimiento", en el que advierte que las reglas de juego del mundo globalizado han hecho poco o nada para reducir la extrema desigualdad en el planeta. Muy por el contrario, la falta de regulaciones ha permitido una creciente concentración en pocas manos de sectores claves para el bienestar de la humanidad, como son la generación de energía, la producción de alimentos y los productos de la industria farmacéutica.
Según esta organización, las diez personas que encabezan la lista de mayores fortunas del mundo poseen más riqueza que los 3.100 millones de personas que componen el 40 por ciento más pobre de la humanidad.
Economistas de Oxfam observan que el aumento de las fortunas de las personas más acaudaladas del planeta fue posible gracias a la participación que tienen en corporaciones que sacaron ventajas de desregulaciones que las beneficiaron en forma extraordinaria.
El economista serbio Branko Milanovic, autor del libro "Desigualdad mundial. Un nuevo enfoque para la era de la globalización", advierte que la desigualdad se ha convertido en uno de los principales problemas a resolver en Occidente y plantea que el fenómeno de la concentración de la riqueza en muy pocas manos terminará siendo una amenaza para las democracias, ya que lo que se puede comprobar en los países con altos niveles de desigualdad es que la concentración del ingreso refuerza el poder político de los que más tienen, y eso hace que los cambios a favor de los sectores más postergados en política tributaria, en el financiamiento de la educación pública y en el gasto en infraestructura sea menos probable.
Las consecuencias de la desigualdad son conocidas: altos índices de criminalidad, problemas sanitarios, menores niveles de educación, de cohesión social y de esperanza de vida. Por ello, una nueva discusión acerca de la distribución de la riqueza debe darse en todos los niveles, desde el mundial hasta el nacional.




