Belén Bona creó Belencita en 2022, en Mar del Plata, con la intención de recuperar los espacios de encuentro que, según observó, se habían debilitado después de la pandemia. La propuesta comenzó con eventos guiados para solteros y, con el paso de los años, se transformó en una comunidad que organiza encuentros, campamentos y viajes en distintas provincias argentinas.
“Quise crear como ámbitos muchísimo más livianos y para conocernos de forma más orgánica porque también entendía que todo lo que tenía que ver con las apps y con las redes sociales tenía que ver con fotitos, poses y filtros”, explicó Bona en diálogo con La 100.
De los encuentros a los viajes
La idea de Belencita surgió en 2022, cuando Bona todavía vivía en Mar del Plata. Venía de una formación vinculada a la salud mental y había trabajado durante aproximadamente diez años en ese ámbito, además de tener experiencia con grupos. Paralelamente, contaba con un recorrido artístico relacionado con el teatro y el clown.
En el contexto de la pospandemia, comenzó a observar cómo la virtualidad y las aplicaciones de citas habían adquirido un papel cada vez más importante a la hora de establecer vínculos. Frente a ese escenario, decidió probar una alternativa basada en la interacción cara a cara.
“Primero lo planteé como un encuentro y lo que hice fue planear métodos, dinámicas y consignas para que la gente se conozca”, recordó. A partir de esa primera experiencia desarrolló juegos y actividades destinadas a facilitar la interacción entre desconocidos.
Para Bona, el objetivo era evitar que conocer a otra persona se pareciera a una entrevista laboral. Por eso incorporó el humor y el juego para reducir las defensas y permitir que los participantes pudieran relacionarse de una manera más espontánea.
Después de comenzar en Mar del Plata, se trasladó a Buenos Aires y continuó desarrollando la propuesta. Con el tiempo aparecieron los campamentos de solteros y, posteriormente, los viajes. La iniciativa también comenzó a recorrer distintas provincias del país.
“En estos cuatro años lo que sucedió fue que se creó un club de solteros, como una comunidad muy fuerte a lo largo de Argentina”, contó.
La decisión de apostar por los encuentros presenciales también está relacionada con su percepción sobre los efectos de la virtualidad. “Me parece que el humano tiene una fuerte necesidad de volver a conectar con los otros, de mirarse a los ojos, de olernos, de palparnos, de estar con los demás y salir del teléfono”, sostuvo.
Y agregó: “Siento que lo que se genera con el teléfono y con la virtualidad es una ilusión vincular y no tiene que ver con un vínculo real”.
Juegos para romper el hielo
Los encuentros de Belencita están pensados para que los participantes puedan conocerse sin depender únicamente de una conversación tradicional.
“Son dinámicas creadas por mí que tienen un tinte muy lúdico, que tienen un contenido que tiene que ver con lo vincular”, explicó.
La propuesta toma conceptos que forman parte de las conversaciones actuales sobre el amor y los vínculos, especialmente aquellos que circulan en redes sociales como ghosting o migajeo, que son utilizados como disparadores dentro de algunas actividades.
El juego ocupa un lugar central porque, según Bona, permite que las personas dejen de lado algunas de las defensas y patrones que pueden limitar la manera en que se relacionan. “Lo que hago es generar que la gente se interese por saber quién es el otro, qué le pasa, qué siente, qué es lo que le apasiona”, señaló.
Según explicó, las actividades tienen una dinámica similar a una clase de juegos teatrales, en la que los participantes interactúan desde el comienzo. Esto permite que alguien que acaba de llegar pueda sentir rápidamente que ya conoce al resto del grupo.
La edad, de acuerdo con su experiencia, no necesariamente determina la predisposición para participar. Aunque actualmente trabaja principalmente con personas de aproximadamente 25 a 50 años, contó que también realizó actividades con personas de 20 años y obtuvo resultados positivos.
“Me parece que la necesidad de la gente de volver a estar con otros es compartida en todas las franjas”, afirmó.
En cuanto a la participación según el género, Bona fue contundente y dijo que las mujeres se animan más que los varones. Además, explicó que los encuentros comenzaron orientados principalmente a personas heterosexuales, aunque también se realizan fechas específicas para la comunidad LGBT cuando existe una demanda concreta.
Una comunidad más allá del amor
Aunque Belencita nació alrededor de la posibilidad de que personas solteras se conozcan, para Bona el objetivo del proyecto va mucho más allá de formar parejas. Según explicó, el amor funciona como una puerta de entrada para trabajar sobre una problemática más amplia: la soledad.
“Yo trabajo con el amor, pero es una excusa porque lo que estoy trabajando en realidad tiene que ver con la soledad de la gente”, explicó.
A lo largo de estos años, asegura haber visto numerosas historias de personas que se animaron a realizar por primera vez actividades solas, como viajar, participar de un campamento o asistir a un evento rodeadas de desconocidos.
“Hay muchas historias de transformación porque hay mucha gente que empieza a hacer cosas solo o sola por primera vez”, contó. Para algunas personas, animarse a participar implica un proceso de crecimiento personal y una salida de rutinas que se habían vuelto habituales.
El proyecto también registró historias de parejas que se conocieron durante las actividades. “Han nacido bebés, hubo casamiento, hay mucho amor, hay gente conviviendo”, relató Bona. Sin embargo, esas experiencias no son las únicas que considera importantes.
Para ella, uno de los principales logros consiste en la creación de nuevas amistades y redes de contención. La propuesta busca reunir a personas con una disponibilidad similar para vincularse y compartir intereses, incluso cuando el objetivo final no sea comenzar una relación amorosa.
“Lo que a mí más me llena y me llama la atención es generar comunidades, generar nuevos grupos de amigos”, sostuvo.
En ese sentido, considera que una de las necesidades más importantes es que las personas puedan sentirse acompañadas por otras que atraviesan situaciones similares. Con el paso del tiempo, los grupos de amigos pueden modificarse por cambios laborales, familiares o personales, y generar nuevas redes puede convertirse en una forma de recuperar espacios de encuentro.
“Es una inyección de vida, es salir del embotamiento de hacer siempre lo mismo y darte cuenta de que todavía estás vivo, tenés un montón de cosas para vivir y que estar con otros es lo más”, expresó.
En definitiva, para Belén Bona, participar de uno de estos viajes puede convertirse en una experiencia que modifica la manera en que una persona se relaciona con los demás, pero también consigo misma.
Fuente: La 100.


