Han pasado casi 21 años desde que Paula Toledo fue brutalmente asesinada en San Rafael y para su madre, Nuri Ribota, el dolor y la lucha siguen vivos. A sus 77 años, Ribota rememora cada detalle de una tragedia que ha expuesto, en su opinión, las fallas de la justicia y una “complicidad encubierta” entre los culpables y el sistema.
“Me siento impotente”, expresó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 y agregó: “No puedo hacer el luto todavía. Todos los días tengo la carita de Paula presente, y eso no me deja descansar”.
Paula Toledo, una joven estudiante de 19 años, fue asesinada el 31 de octubre de 2003 en un crimen que sacudió a la comunidad y dejó a su familia en una búsqueda de justicia que, hasta hoy, sigue sin respuestas plenas. Años de juicios, apelaciones y veredictos insuficientes han derivado en una condena que, para Ribota, no satisface ni el mínimo de justicia. “A Marcos Graín le dieron solo 11 años, pero él era partícipe, no el asesino principal. Mi abogado pidió perpetua, pero no nos escucharon. Yo no quedé conforme, se los dije. No lo condenaron por lo que es: un asesino”, relató Ribota, recordando a Graín como uno de los cuatro acusados y el único condenado en el caso, aunque no por homicidio. Fue considerado penalmente responsable como partícipe necesario del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por la comisión de dos o más personas.
Las inconsistencias del proceso judicial en el caso de Toledo son motivo de indignación para Ribota, quien consideró que el sistema no actuó con el rigor debido y que se dejó escapar la oportunidad de condenar a los verdaderos responsables. “El que dirigía a esa manada de malnacidos era Graín”, sostuvo Nuri, refiriéndose a uno de los sospechosos que, según testigos, habría sido el principal agresor, pero aseguró la falta de testimonios por miedo en el vecindario.
Ribota mencionó una serie de irregularidades que, a su juicio, evidencian una red de complicidad. “Perdieron la ropa de mi hija que estaba con faja de seguridad. Dijeron que la habían donado al Cotolengo de Rama Caída, pero una encargada del lugar me dijo que eso nunca llegó. Es una mentira terrible”, subrayó. Para Ribota, esta pérdida de pruebas sugiere un encubrimiento que continúa afectando a las familias involucradas. “Yo no quiero dinero. Solo quiero justicia para que mi hija descanse en paz”, enfatizó Ribota, quien está en juicio civil contra el Estado por la mala actuación judicial, aunque consideró que ningún resarcimiento económico suplirá la pérdida de Paula.
Uno de los hechos que más atormenta a Ribota es el procedimiento durante la autopsia de su hija, cuando, según ella, se cometieron errores fatales. “Lavaron el cuerpo de Paula antes de hacer los hisopados necesarios. Lavaron las pruebas y así fue imposible realizar un cotejo de ADN”, afirmó con indignación. “El doctor Talío, un médico con experiencia, fue quien lo hizo, y eso también fue complicidad”, sentenció, señalando la falta de rigurosidad en el análisis forense, lo que impidió conectar a los acusados con las evidencias.
Con una voz quebrada, Ribota confesó que ha debido enfrentarse tres veces a los juicios, reviviendo el trauma una y otra vez. “No se puede expresar con palabras lo que es ver a los asesinos de tu hija en el juicio, sabiendo que están libres. Lo único que quiero es justicia”, enfatizó. A pesar de las apelaciones y las pruebas testimoniales, Ribota siente que la justicia le ha dado la espalda a ella y a su hija: “Es una burla todo lo que se ha hecho”, remarcó, recordando que aún hoy, tras 21 años, no sabe quiénes fueron los responsables de la muerte de Paula.
La violencia y el acoso hacia Nuri y su familia no terminaron con la sentencia, aseguró. “Desde que condenaron a uno de los acusados, me han roto los vidrios de la casa y nos han mandado mensajes de odio. Uno de esos mensajes, que mi nieta vio en Facebook, decía que me calle y deje el tema en paz”, relató con tristeza. Sin embargo, ella aseguró que nunca se detendrá. “Se lo prometí a Paula. Le dije que iba a luchar hasta el último día de mi vida para que los culpables paguen por lo que le hicieron”, dijo Ribota, y agrega que no ha cesado de pedir justicia en honor a su hija.
En cuanto al juicio civil, Nuri Ribota mencionó que, aunque han pasado cuatro años desde que demandó al Estado, aún no ha recibido respuesta. “Yo no quiero el dinero, ni sé el monto exacto porque no me interesa. ¿De qué me sirve a mí eso? Yo lo que quiero es justicia y, a mi edad, poder ver que esos asesinos pagan lo que le hicieron a mi hija”, comentó. A pesar de su dolor, Ribota agradeció a la comunidad que la ha acompañado en cada marcha y acto en memoria de Paula, siempre demandando justicia, lo que, en sus palabras, mantiene viva la memoria de su hija. “Gracias a toda la gente que me apoyó en las marchas, a los que estuvieron en el juicio. Siempre voy a recordar eso, nunca lo voy a olvidar”, expresó emocionada.
La falta de una condena plena ha sido una herida abierta para Ribota, quien aún ve a algunos de los acusados libres en su barrio y siente que la justicia no ha sido capaz de cerrar el caso. “La justicia que tenemos no es justicia”, expresó con desazón. Con el aniversario número 21 del asesinato de su hija a solo un día de distancia, Nuri Ribota continúa aferrada a la esperanza de que un día se haga justicia en memoria de Paula. “Antes de despedirme, solo quiero que mi hija descanse en paz y que sus asesinos paguen”, concluyó.







