Lo que vive San Rafael este viernes no es un ausentismo casual ni el resultado de un clima adverso; parece más el triunfo del pánico frente a una amenaza que tocó la fibra más sensible de cualquier sociedad: la vida de sus hijos. El panorama en las escuelas de la ciudad resultó estremecedor, con un ausentismo que promedió el 95% y casos límites como el de la escuela ENET, donde la asistencia fue nula. El motivo detrás de los bancos vacíos fue una ola de amenazas de tiroteos que circuló con la ferocidad de lo incontrolable, colocando a los padres en la encrucijada más cruel: priorizar el derecho a la educación o la seguridad física de sus niños.
El interrogante que hoy domina cada calle de nuestro departamento es qué pasará el lunes. La polémica está instalada: ¿fue una reacción lógica de los padres o se trató de una exageración alimentada por la paranoia digital? Para el espíritu republicano, la respuesta no es sencilla. Si bien es cierto que la viralización de rumores suele distorsionar la realidad, no se le puede pedir a una familia que actúe con frialdad estadística cuando la amenaza habla de armas y de escuelas.
La situación en la ENET, donde no fue absolutamente nadie, parece marcar un hito de desconfianza institucional. No se puede calificar de «exagerada» la conducta de un padre que decide dejar a su hijo en casa ante la duda de un ataque; la prudencia es la respuesta natural ante la incertidumbre. El problema no es la reacción de la gente, sino la presunta vulnerabilidad de un sistema que puede sufrir un ataque.
En definitiva, el desafío para el inicio de la próxima semana es recuperar el territorio perdido frente al miedo. El lunes no se juega solamente una jornada lectiva, sino la autoridad misma del orden público. Si las autoridades no logran desmantelar el origen de estas amenazas y garantizar un entorno seguro, el repliegue doméstico podría convertirse en una herida difícil de cerrar para la educación local. Sin seguridad, la escuela deja de ser el faro de la civilidad para convertirse en un símbolo del desamparo.







