En los últimos tiempos, se ha vuelto cada vez más común avistar zorros al costado de rutas y caminos en Valle Grande. Si bien estos encuentros resultan atractivos para turistas y visitantes, los guardaparques municipales advierten sobre los riesgos de alimentar a estos animales.
Según explican los especialistas, cuando los zorros reciben alimento de los humanos, comienzan a modificar sus hábitos naturales, perdiendo su instinto de caza y supervivencia.

Esto los lleva a depender de la comida proporcionada por las personas, acercándose con mayor frecuencia a zonas urbanizadas en busca de alimento e incluso revisando la basura domiciliaria.
Este comportamiento los expone a diversos peligros, como la ingestión de plásticos y otros desechos nocivos que no forman parte de su dieta, además de generar un desbalance en la cadena alimentaria del ecosistema.

Por ello, desde el grupo de guardaparques insisten en que lo mejor para la fauna silvestre es “evitar la interacción con los humanos. Permitir que los zorros transiten libremente y sin interferencias es clave para garantizar su bienestar y asegurar su supervivencia en su hábitat natural”, explican.
Desde el ámbito de la protección ambiental reiteran la importancia de una convivencia responsable con la fauna autóctona, promoviendo el respeto por su entorno y evitando cualquier acción que pueda alterar su comportamiento natural o poner en riesgo su subsistencia.







