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Blindaje legislativo, erosión social y el enigma electoral que viene

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La jornada de ayer dejó clara la más aguda de las paradojas que atraviesa la política argentina. Por un lado, la crónica parlamentaria registró un nuevo triunfo formal del oficialismo con el fracaso de la sesión opositora en la Cámara de Diputados blindada por la habilidad táctica de Martín Menem y la inestimable co-producción de sus socios—, bajo la premisa de que «el país ya eligió un rumbo». Por el otro, la realidad social y demoscópica golpea con crudeza: las mediciones de opinión pública confirman un derrumbe sostenido en la imagen presidencial y un malestar económico que ya no se disimula.

¿Cómo se sostiene este andamiaje político cuando el humor social se fractura? La respuesta hay que buscarla en el rol estratégico de los denominados bloques dialoguistas y gobernadores provinciales que siguen prestando los votos necesarios para sostener las herramientas de excepción, como el DNU 70 y los vetos que blindan el superávit a costa del tejido productivo y educativo. No hay que olvidar que, ayer, las manifestaciones a lo largo y ancho del país estaban relacionadas con un incumplimiento del Gobierno Nacional de una ley y de varias órdenes judiciales.

Frente a una oposición fragmentada, errática y muchas veces incapaz de articular una alternativa programática coherente, el oficialismo sobrevive gracias a esa frágil sociedad de conveniencias.

Sin embargo, este equilibrio de atrincheramiento abre interrogantes inevitables hacia el futuro inmediato. ¿Qué pasará el año que viene?, un año de crujientes definiciones electorales. La pregunta del millón es si los aliados coyunturales mantendrán el pacto de sangre con la motosierra o si, ante el desgaste inocultable de las bases y el temor a quedar pegados al naufragio social, comenzarán a desmarcarse para salvar su propio territorio.

A esto se suma la gran incógnita institucional: ¿se realizarán las PASO? Y de concretarse, ¿funcionarán realmente como una instancia de selección o se transformarán en un plebiscito lapidario sobre el modelo vigente? La paradoja es evidente: el oficialismo festeja hoy en los papeles el éxito de haber evitado un colapso legislativo, pero camina sobre un suelo minado donde la economía real y el descontento popular dictarán, más temprano que tarde, su propio e inapelable veredicto.  

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