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Las lluvias benefician al agro, pero el corte del río Atuel genera preocupación en el turismo aventura

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Mientras las precipitaciones permiten ahorrar agua destinada al riego agrícola, los prestadores turísticos de Valle Grande observan con preocupación la interrupción del caudal del Atuel, especialmente ante la llegada de contingentes estudiantiles con actividades acuáticas contratadas.

Las intensas precipitaciones que se registran en San Rafael, en un contexto climático marcado por el denominado fenómeno del “Súper Niño”, están generando una situación particular para dos de las actividades económicas más importantes del departamento. Mientras el sector agrícola encuentra en las lluvias un alivio para sus necesidades de riego, los prestadores de turismo aventura comienzan a preocuparse por las consecuencias que las decisiones sobre el manejo del agua pueden tener en sus emprendimientos.

En las últimas horas, el Departamento General de Irrigación dispuso interrumpir la dotación de agua en la cuenca del río Atuel, luego de que las precipitaciones permitieran cubrir buena parte de las necesidades hídricas de las fincas. La medida apunta a preservar el recurso en los embalses para utilizarlo cuando los cultivos vuelvan a requerirlo, una decisión que responde a la necesidad de administrar eficientemente el agua en una provincia donde su disponibilidad resulta fundamental para sostener la producción.

Sin embargo, lo que representa una buena noticia para los agricultores tiene su contracara en Valle Grande, donde numerosos emprendimientos turísticos dependen directamente del caudal del río Atuel para desarrollar sus actividades. El rafting y el cool river, dos de las propuestas más características del turismo aventura sanrafaelino, necesitan condiciones adecuadas de escurrimiento para poder realizarse, por lo que la interrupción de las erogaciones genera incertidumbre respecto de los próximos días.

La preocupación cobra especial relevancia porque esta época del año coincide con la llegada de contingentes estudiantiles que eligen San Rafael como destino y que, en muchos casos, ya tienen contratados paquetes turísticos que incluyen experiencias en el río. Para las empresas prestadoras, una eventual prolongación de la medida podría traducirse en reprogramaciones, modificaciones de los servicios comprometidos y complicaciones económicas y comerciales.

Está claro que, históricamente, la administración del agua en los oasis mendocinos ha tenido como principal prioridad el abastecimiento de la actividad agrícola, columna vertebral de buena parte de la economía regional. No obstante, también resulta indiscutible el crecimiento que ha experimentado el turismo en San Rafael, particularmente en Valle Grande, donde las actividades recreativas vinculadas al Atuel representan una importante fuente de trabajo e ingresos para numerosas familias.

En este escenario, también existe una diferencia sustancial que no puede quedar fuera del análisis: los productores agrícolas son titulares de derechos de riego y abonan los cánones correspondientes a Irrigación para sostener un sistema que permite distribuir el recurso hídrico. Los prestadores de turismo aventura, en cambio, desarrollan su actividad comercial aprovechando el caudal circulante del río, bajo un régimen diferente y sin contar con la misma prioridad sobre la disponibilidad del agua.

Esta distinción resulta fundamental a la hora de evaluar las decisiones del organismo. La importancia económica que ha adquirido el turismo aventura no puede desconocerse, como tampoco puede equipararse automáticamente su necesidad de contar con un caudal adecuado con los derechos que poseen los agricultores, quienes afrontan obligaciones específicas para acceder al recurso.

Sin embargo, reconocer esa prioridad no significa desentenderse de las consecuencias que una interrupción del caudal puede ocasionar en otra actividad que también genera empleo, inversiones y movimiento económico para San Rafael. Por eso, más que plantear una disputa entre agricultores y prestadores turísticos, el desafío consiste en mejorar la planificación y la comunicación de las decisiones hídricas, de manera que el sector turístico pueda anticiparse a eventuales restricciones y organizar sus compromisos comerciales.

La paradoja que dejan las lluvias es evidente: mientras el agua que cae del cielo representa un alivio para el campo y permite preservar las reservas hídricas, su aprovechamiento también puede generar dificultades para quienes viven del río. Dos actividades fundamentales para la economía sanrafaelina, aunque con derechos y obligaciones diferentes frente a la administración de un recurso que, en Mendoza, siempre ha sido tan valioso como limitado.

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