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viernes 28, de enero , 2022

Educación, trabajo y futuro

La semana pasada se conoció el resultado de una prueba educativa realizada por la Unesco, un organismo para la Educación y la Cultura que forma parte de la Organizaciones de las Naciones Unidas (ONU), que determinó que los alumnos argentinos están muy atrasados respecto de sus congéneres en países de la región. Se trata de las pruebas Erce, realizadas en 2019, antes de la pandemia, y que se conocieron ahora. La nota fue negativa e, incluso, los alumnos demostraron fuertes diferencias de aprendizaje dentro de la misma aula. No todos están en las mismas condiciones, algunos están más avanzados y tiene que ver con el contexto individual, es decir, con la situación social y económica que envuelve a su familia.
Agregado a esto, días atrás se conoció un informe del Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano, elaborado sobre la base de datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que indica que al menos uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 24 años no estudia ni trabaja en la Argentina, y se incluyen en la denominada «Generación Ni-Ni». Dice el estudio que las carencias educativas están detrás de este fenómeno, que está muy vinculado con la pobreza, sostiene el trabajo. «El 24,1% de los jóvenes argentinos de entre 18 y 24 años de edad no estudia ni trabaja. La Argentina ocupa el lugar 34 entre los 38 países incluidos en el listado de la OCDE», revela el informe de la universidad.
La pregunta surge indefectiblemente: ¿qué calidad tendrá el país que se está edificando sobre la base de una infancia sin instrucción y con nula capacidad para discernir ante desafíos sencillos? Las próximas generaciones estarán dominadas por personas que han transitado su etapa formativa sin estudiar ni trabajar.
La discusión, no obstante, merece más tópicos. Entre ellos, cuántos recursos financieros disponen y dispondrán los gobiernos de aquí en más para dar vuelta esta situación. Imaginar que los niños, niñas y adolescentes argentinos eligen ser “ni-ni” no solo es un reduccionismo sino una exoneración injusta de la responsabilidad de nosotros, los adultos.

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