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Eligió casarse con el hombre que le da calma, pero nunca pudo dejar al que enciende su deseo: la doble vida de Sofía

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Sofía (56) escribió a Infobae con cierta vergüenza, pero determinada a contar su historia de “amor sexual”. Una que implica a una persona que conoce desde los 5 años y que no es su marido ni la persona que ha elegido para convivir.

“Con Jorge nos conocemos desde siempre, desde que éramos chicos. Vivíamos en el mismo barrio, nuestras familias se tenían de vista y, después, coincidimos en la escuela primaria desde los 7 años. Él iba al turno mañana y yo al turno tarde, pero compartíamos actividades escolares, deportes y eventos recreativos. Sabíamos nuestros nombres y conocíamos a nuestros respectivos padres y hermanos. Nos cruzábamos todo el tiempo. Ya más grandes su mamá terminó siendo mi maestra de matemáticas. Era una mujer muy dulce y buena. A mí Jorge no me gustaba especialmente, pero a todas mis amigas les encantaba. Era el carilindo de la clase. Yo era la que hacía de intermediaria entre mis compañeras y él: ellas le escribían cartitas de amor, me las daban a mí y yo se las entregaba a su madre para que se las diera a él. Jorge odiaba que fuera la mensajera. Se ofuscaba y me daba cuenta de que él detestaba lo que hacía. Me decía que lo dejara de molestar y que no le mandara más cosas con su madre. ¡Teníamos solamente doce años! Al final del último año de la primaria compartimos el viaje de egresados a Córdoba. Todas las chicas estaban alrededor de él, ¡era un imán! Tenía una especie de harén, todas le revoloteaban. Terminada esa etapa, cada uno eligió un secundario distinto y teníamos nuestros propios novios. Al tiempo, como no le gustó la escuela técnica que había escogido, él se cambió a mi colegio. Caímos en la misma aula. Volvió a pasar lo mismo que antes: todas las chicas de la clase gustaban de él. Se convirtió en el latin lover del curso. Una tía suya nos daba clases de lengua y siempre bromeaba con que íbamos a terminar juntos. Nosotros no le dábamos ninguna importancia al tema. Ya más grandes él dejó de enojarse tanto y comenzamos a compartir grupos de amigos con los que salíamos a bailar. No había algo íntimo entre nosotros dos todavía, aunque yo percibía que estábamos atentos mutuamente. Cada uno hacía su vida, pero nos gustaba mucho saber qué pasaba con el otro. Cuando me ponía de novia con alguien él me cargaba con tonterías. Al terminar el secundario, me fui a Buenos Aires para estudiar para Contadora Pública; él se fue a estudiar ingeniería a la ciudad de Córdoba. Adiós, empezamos a vivir lejos uno del otro”.

Extrañarse demasiado y no aguantarse

“Estábamos distanciados a la fuerza, relata Sofía, y eso nos hizo percatar de lo mucho que nos extrañábamos. Empezamos a hablar con frecuencia. Las cosas se intensificaron y un día me largué y viajé a verlo. Fue un fin de semana a full en Córdoba. Teníamos 18 o 19 años, estuvimos solos y felices. Me cocinó fideos con zucchini que no me gustaban, pero me los comí como si hubieran sido el mejor manjar de la vida. Nos besamos, nos acariciamos y tuvimos relaciones. Después, cada vez que volvíamos a vernos en nuestra ciudad mi vida se convertía en un revuelo. En el boliche, yo atrevida, le pellizcaba la cola: ese era nuestro código secreto. No queríamos una relación que nos atara en ese momento pero la atracción era muy fuerte. No sé por qué pero no planeamos nada, cada uno siguió por su lado y seguimos hablando y viéndonos cada tanto. Cuando se daba. Nos pusimos en pareja cada uno por su lado. A pesar de eso, cuando nos veíamos nuestros cuerpos ardían. No podíamos resistirnos. Nuestros novios respectivos demostraban celos aún sin saber qué pasaba. Eso hacía que por un tiempo dejáramos de hablarnos, pero esa situación no duraba mucho nunca”.

La cuestión queda planteada sobre la mesa: hay muchos noviazgos que se sostienen a la distancia, ¿por qué no lo intentaron al menos hasta terminar los estudios?

“Es que creo que no nos aguantábamos cuando estábamos juntos más de un par de días. Los dos tenemos carácter. Yo muchísimo. Además, Jorge tiene otra forma de ser. Le gusta la vida al aire libre y quería trabajar en algo que lo tuviera cerca de la naturaleza. También es muy chamuyero y seductor. A mí no me iba esa forma de comportarse. Soy más estructurada, quería una pareja más tranquila, con calma. Jorge me reprocha hasta hoy que para mí él siempre fue una segunda opción. Es cierto que un par de veces nos planteamos la posibilidad de estar juntos, pero no prosperó… Y eso fue mucho antes de casarnos”.

¿Qué éramos exactamente?

La protagonista de nuestro amor de hoy revela que tuvo una infancia y adolescencia muy difíciles. Perdió a su madre muy chica y de una manera traumática. Tuvo que crecer de golpe para ayudar a su papá y a sus hermanos menores.

“Creo que por todo eso no soy una persona fácil. Soy tremendamente independiente. Mi libertad no se negocia. Jamás. Cuando me estaba por casar con mi marido, Jorge me planteó por qué lo hacía. No tenía que darle explicaciones a nadie, dije. Lo invité a la fiesta con su novia pero le pedí que no viniera al civil. No me hizo caso y se apareció. La verdad es que me casé con otro porque no me veía casada con él. Elegí a alguien distinto, a un profesional tranquilo y que me brinda calma”.

Le sugiero que quizá lo que no aguantaba de Jorge era la revolución interna que le provocaba ese amor desatado, desmedido.

Silencio.

Continúa la historia.

“Me mudé a otra ciudad y tuve tres hijos. A los pocos meses de mi matrimonio Jorge se fue a vivir con su novia, la misma que había llevado a mi casamiento. También tuvo tres hijos. Y, por supuesto, siempre seguimos en contacto. Hablando y viéndonos y teniendo historia sexual. Aunque ninguno quería dejar a su pareja, ni se mencionaba la idea, la necesidad de intimar era muy fuerte. Coordinábamos y nos veíamos. Un mensajito y al hotel. ¿Qué éramos exactamente? No puedo etiquetarlo. Muy amigos, sin título. ¿Amantes? Y sí, amantes. No había cuestionamientos ni reproches ni pedidos. No deseábamos alterar nuestras vidas. Eso fue así de concreto durante casi ocho años, hasta que tuve a mis hijos. Cuando nació mi primer bebé me miré al espejo y decidí que no quería que nos viéramos más ni tener más sexo con él. No quería educar a mis hijos teniendo una doble vida. No me parecía bien. Se lo dije y Jorge se enojó. Seguimos en contacto pero ya sin vernos. Las cosas importantes nos las contábamos. Fue el primer teléfono que marqué cuando murió mi papá y luego mi abuela. Para él era igual, yo era la primera que llamaba. No puedo explicar ese lazo tan profundo que nos une”.

Le pido que hablemos de la culpa que la llevó a poner en suspensión la historia sexual.

“Te confieso que nunca sentí culpa. Solo me di cuenta de que no iba a poder transmitir valores a mis chicos si yo no los cumplía. Punto”.

¿El amor sexual es amor?

“No fue que perdimos el contacto total. Sabíamos el uno del otro. Pero la cuestión es que nos reencontramos cara a cara años después en una reunión con amigos de la infancia. No podía ser de otra manera: empezamos nuevamente a vernos de manera clandestina. Ahora ya tenemos nuestros hijos grandes y me conflictúa menos. Nos encontramos de manera periódica, cada dos o tres meses. Por suerte, vivimos a cien kilómetros. Agradezco no estar en la misma ciudad porque podríamos tener problemas. Lo paso bien con él, lo disfruto. Después, vuelvo a mi vida normal. Jorge es un oasis dentro de mi estresante vida laboral, una válvula de escape para la monotonía”.

¿Qué hay en esos encuentros con Jorge que no tiene con su marido, el hombre elegido para vivir? La respuesta es directa, al hueso: “El tema es sexual. Hay magia, compañía, pero sobre todo una química desbordante. En sus brazos siento algo particular. Jorge es alguien muy importante para mí, pero no lo quiero como pareja ni viviendo conmigo. Con mi marido lo sexual nunca fue algo fuerte, yo lo acepté así desde el comienzo porque sabía que él tiene otras cualidades más importantes”.

Sofía, de alguna manera, reconoce que eligió con su cabeza, no con la piel y el deseo.

Hay una canción del grupo La Oreja de Van Gogh que Sofía quiere que lea porque sostiene que los representa. A ella y Jorge. Se titula Durante una mirada. Dos de sus párrafos dicen así:

“Cuando crecí me marché del barrio

y apenas bajo ya por Madrid,

a cambio vivo sin sobresaltos

con un hombre bueno que conocí

en todas las fotos me verás sonreír

(…)

Y entonces de repente, te veo entre la gente

Durante una mirada, el universo se detiene

Volvemos a estar juntos y el alma se nos prende

De pronto comprendemos que lo nuestro es para siempre (…)”

Se entiende lo que quiere expresar. Prender remite a encender y encender contiene llamas entre sus letras. Ese fuego es el que circula por el esqueleto de Sofía cuando entra en contacto con Jorge. Pero intuyo que ella no quiere vivir en el incendio eterno. Aclara, por las dudas de que se la malinterprete: “No estamos tristes separados. Cada uno hace su vida, es lo que elegimos. Escogimos existencias distintas. Nunca hablamos de lo que hubiera sido juntos. No nos lamentamos por eso, ni nos pedimos mucho. Solo estamos ese tiempo que nos concedemos, atentos siempre el uno con el otro. Sabemos lo importante que somos, aunque no nos elijamos para todos los días”.Una mujer escribe en un smartphone. A la izquierda, una familia de cuatro almuerza en una mesa con platos de comida y copas de vinoSu rutina familiar se desarrolla alejada de toda sospecha: nadie imagina que tiene un amante de tantos años, donde encuentra la pasión que no tiene con su buen marido (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque ella lo niegue en su voz se detecta la vulnerabilidad emocional que da el saber que, al elegir una vida se ha descartado otra vida posible.

-¿Quién sabe de esta historia que contás?

-Mis dos íntimas amigas saben… y los amigos cercanos de Jorge también. Una de ellas me dice siempre que tal vez de viejos, viejísimos, estemos juntos. Mi papá siempre lo supo y solamente me pidió decoro. La madre de él también está al tanto. Para mí sería un horror que se enteren mis hijos, me moriría de vergüenza… Son mi freno moral. Mi marido también me daría vergüenza. ¿Sabés algo? La gente que me conoce del trabajo jamás pensaría que yo sería capaz de hacer algo así, de tener una vida oculta. Jamás rompo otras normas.

-¿El futuro?

-Futuro… Va a seguir todo igual. Podría pasar cualquier cosa, pero no, porque mi prioridad es mi familia. Jorge es quien me permite no ser la persona perfecta que muchos creen ver en mí. Es mi costado de ruptura con las reglas. Me pesaría un poco la mirada social, por la educación tradicional que he tenido. Y te soy clara que no querría perder mi matrimonio, quiero mucho a mi marido.

-Decime Sofía, ¿qué creés que es el amor?

-Creo que no existe el amor de la vida… Existe el compañero de mi vida, lo elegí y lo sigo eligiendo y queriendo. Es el mejor papá, es cariñoso y buen marido.

Mi elección fue correcta. Jorge es otra cosa. Es esa conexión que no puedo evitar con el amor sexual. No siento culpas, siento vergüenza, que quizá sea una forma de culpa. Pero ahora que ya no hay niños en casa, no estoy dispuesta a dejar de hacerlo… ¿Si amo a Jorge? Lo quiero un montón. No sé cómo etiquetarlo para que me entiendas. ¿Un amor sexual es amor amor amor? No lo sé.

* Amores Reales es una serie de historias verdaderas, contadas por sus protagonistas a INFOBAE. En algunas de ellas, los nombres de los protagonistas serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.

Fuente: Infobae

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