La Fiesta de la Vendimia, tanto en su edición departamental como nacional, tiene desde su origen una honda penetración en nuestras comunidades. La idea de reconocer y homenajear el trabajo de quienes protagonizan una de las actividades más representativas de Mendoza siempre ha generado la atención y el acompañamiento de la mayoría de quienes aquí vivimos.
No obstante, los tiempos modernos muestran algunos hechos que afectan el desarrollo de dicha celebración y que llevan a pensar si, a futuro, su realización no corre riesgo. Así, a las habituales y casi folclóricas polémicas respecto a quién merece ser la reina, otras controversias han encontrado en nuestra fiesta máxima un espacio de expresión.
La elección de la reina depara otras discusiones además de la belleza (siempre subjetiva) de las candidatas. Así, de un tiempo a esta parte se polemiza si se trata de un concurso de belleza o no, se critica la elección en sí porque se afirma que ello es una forma de cosificar a la mujer y hasta se afirma que el título de “reina” es una referencia que nada tiene que ver con estos tiempos ni con el ámbito vendimial.
También hemos visto como una parte del público que habitualmente concurre u observa por televisión los espectáculos que se plantean en las fiestas referencia la supuesta reiteración de conceptos y lugares comunes en los guiones de cada año.
En este sentido, llamó la atención que este año –a diferencia de todas las ediciones anteriores- las entradas para el Acto Central del último sábado no se agotaron en la previa.
Evolucionar debería ser el destino de las comunidades y de sus expresiones culturales. Para lograrlo, asumir los nuevos tiempos y respetar la tradición serán puntos clave. Ese equilibrio no resulta sencillo y mucho menos dejar a todos conformes. Pero la importancia y representatividad de la Fiesta de la Vendimia, con todo lo que ella significa para los mendocinos, merecen la discusión por antes la posibilidad de perderla.
Lo cierto es que, e inútil es negarlo, la celebración tal como está genera cada vez menos expectativa en la comunidad que la convirtió en la fiesta más representativa de Mendoza.




