Marcos Herrero está detenido en Mendoza sospechado de ser un “chanta”, es decir, una persona que “presume de tener algo, especialmente una capacidad, un conocimiento o un poder, que en realidad no posee”. Y un ejemplo de ello es que plantó huesos de un mismo cadáver en diferentes escenas rastrilladas, de acuerdo con estudios genéticos que solicitó la Justicia mendocina.
Pero, antes de ser apresado, se movió y vendió por todo el país cada vez que se presentaba un caso con extrema repercusión.
El perito y adiestrador de canes rionegrino de origen policial aseguró ser un gran aportador de pruebas en los casos de las desapariciones de Facundo Astudillo y Santiago Maldonado, por citar algunas, que provocaron horas de informes en los noticieros nacionales; pero, gracias a una serie de trabajos investigativos se descubrió que, en realidad, plantó pruebas.
Con sus perros Yatel y Kassie, Herrero sacó chapa de su “profesionalismo” y métodos de búsqueda diferenciadores y hasta llegó a ser contratado por la familia de Marcela López, una hotelera de 61 años desaparecida a fines de mayo de este año en Santa Cruz. La hipótesis principal de ese caso apunta a un suicidio.
Dos meses después, relacionado al expediente como perito de parte y cobrando más de 100.000 pesos por sus rastrillajes, Herrero aseguró haber encontrado restos óseos en la casa de la ex pareja de López. Esa propiedad del sur argentino ya había sido revisada minuciosamente por los detectives locales y no habían hallado nada.
Esta “película” tiene una segunda parte en Mendoza y con un caso similar al de López: la desaparición de Viviana Luna, una causa abierta que es investigada por la fiscal de Homicidios Claudia Ríos desde el 7 de diciembre del 2016, cuando dejaron de verla en la localidad de Potrerillos.
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Herrero llegó a la provincia también por pedido de los hijos de la mujer desaparecida hace justo hoy cinco años en Potrerillos, Luján de Cuyo, y a las pocas horas de trabajo hizo un anuncio que sorprendió a los investigadores locales: ventiló, a través de su gente, que había encontrado parte de un cráneo, un monedero y una serie de anotaciones en un papel amarillento en una casa abandonada que, como en el caso López, ya había sido revisada por los detectives locales años antes.
El objetivo era hacer creer que se podía estar frente a un caso de trata de personas, debido a los personajes que se leían en las anotaciones (políticos, un juez sospechado de corrupción, una víctima de asesinato, y hasta el actual jefe de la Policía de Mendoza, Roberto Munives).
El caso sobre el hallazgo de los huesos quedó en manos del fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello. Las sospechas apuntaron otra vez a Herrero, debido a que venía con la fama de plantar pruebas y manipular evidencia.
Efectivamente, los restos óseos fueron analizados por el Laboratorio de Huellas Genéticas y el resultado fue concluyente: pertenecían a un varón de acuerdo con el análisis de 12 extracciones practicadas a la prueba.
Pero no sólo eso, Herrero fue detenido el viernes en su hogar de Viedma y va a ser imputado este martes por el fiscal Pirrello porque todas las pruebas lo comprometen con un accionar de estafador: esos rastros levantados durante los rastrillajes por el caso Luna fueron cotejados con los encontrados en la casa de la ex pareja de Marcela López y el resultado fue positivo de acuerdo con un informe que llegó hace pocas horas a la fiscalía; es decir, pertenecían al mismo cuerpo.
Para el Ministerio Público mendocino, no caben dudas de que se está frente a un hombre que no sólo engañó a la familia Luna, si no a otras personas que lo contrataron para diferentes rastrillajes en diferentes provincias argentinas a cambio de miles de pesos.
Fuente: El Sol







