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La encrucijada de la salud mental en adolescentes: tasas de suicidio, violencia y la urgencia de una prevención real

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Tras conmocionar a la comunidad de Villa Atuel un lamentable hecho en el que una joven de 15 años se quitó la vida —en un contexto investigado por posibles situaciones de violencia—, el licenciado en Psicología Marcos David Masnú analizó en diálogo con FM Vos 94.5 los factores determinantes detrás de las conductas autolíticas en adolescentes. El profesional enfatizó que Mendoza figura entre las provincias con los índices más elevados de suicidios e intentos de suicidio a nivel nacional, advirtió sobre la persistencia de mitos que frenan la prevención primaria y remarcó la necesidad de sustituir las medidas meramente punitivas en casos de violencia o acoso por abordajes reparadores y terapéuticos que garanticen el acompañamiento integral de los jóvenes.

Un diagnóstico alarmante en Mendoza: visibilización, vacíos en la escucha y el dilema entre prevención y postvención

Ni bien comenzó la entrevista, Masnú expresó que estos trágicos sucesos impactan de manera profunda en la sociedad y obligan a una interpelación colectiva sobre el grado de contención que reciben los adolescentes. Explicó que las estadísticas ubican a la provincia en un escenario dramático dentro del mapa nacional en cuanto a la incidencia de estas problemáticas, existiendo además un subregistro o «listas negras» sobre intentos que no llegan a trascender. «Son situaciones muy dolorosas que nos pegan fuerte en lo social; uno se pone a pensar cómo estamos fallando para que estos chicos no encuentren una solución. Lo más importante es que no están siendo escuchados o no tienen a quién recurrir para pedir ayuda», expresó.

«El escenario es un poco dramático porque como provincia somos una de las que tenemos las tasas más altas de suicidios e intentos de suicidio a nivel nacional, además de lo que uno no se entera en las listas negras de casos que no trascienden», resaltó.

«Es un tema que se viene visibilizando más en medios o en redes, pero la pregunta clave es qué hacemos con eso. En el consultorio es muy raro que un adolescente exprese directamente lo que le pasa; siempre nos quedamos con lo post-preventivo tras enterarnos de un suceso y no con la prevención bien hecha», declaró.

«Existe el tabú o el mito de que si uno habla del suicidio se van a cometer más casos, cuando en realidad está comprobado que hablar abre la puerta a discutir el tema, conversar y que los chicos se animen a pedir ayuda», subrayó.

Multicausalidad, la huella del acoso escolar y el proceso de sanación posterior

Al evaluar las causas que conducen a decisiones extremas, el especialista subrayó que la conducta suicida en la adolescencia es multicausal y que cualquier relato o malestar expresado por un joven debe ser tomado con absoluta seriedad. Situaciones como la violencia intrafamiliar o el acoso escolar (bullying) actúan como factores detonantes devastadores. «Estos temas son multicausales; puede ser lamentable violencia intrafamiliar o casos de acoso escolar en los adolescentes. Una situación que para un adulto no parece importante, para ese chico lo era todo, por lo que hay que tomar en serio cada relato y trabajar desde allí», comentó.

«Más allá de la causa, uno tiene que estar atento, escuchar, acompañar y generar el proceso de ayuda; por ahí en el consultorio se da más fácil generar ese lugar de confianza, pero después hay que seguir trabajando para sanar lo que se viene dando», agregó.

«Por ahí se logra cortar la situación de acoso trasladando al chico de escuela o tomando medidas preventivas con el agresor, pero después hay que trabajar en sanar toda esa situación y generar herramientas en el chico para afrontar futuras causas o situaciones que lo hirieron», destacó.

Castigo versus medidas reparadoras y el rol de las redes sociales en los nativos digitales

Frente a la conducta de los agresores o generadores de acoso, el psicólogo planteó la necesidad de superar las sanciones punitivas tradicionales —como suspensiones o quita de puntos de conducta—, las cuales no modifican la conducta de fondo si no van acompañadas de instancias formativas e integrales. Por otra parte, al analizar la incidencia de los entornos digitales, descartó las posturas prohibicionistas y propuso volcar la omnipresencia de las redes sociales hacia la difusión masiva de contenidos preventivos, psicoeducativos y de contención. «Con los chicos que producen acoso estamos en una encrucijada si solo se aplica un castigo sin medidas reparadoras. Un castigo es una medida punitiva como una sanción o suspensión, pero una medida reparadora implica trabajar en base a lo que pasó para que entienda el daño provocado«, recalcó.

«La medida reparadora debe ir en base al daño generado: tiene que ser un proceso de trabajo donde el adolescente entienda, reflexione y comprenda por qué llegó a esa situación, no limitarse a que asista a una charla aislada», añadió.

«Prohibir las redes sociales no es viable porque los chicos son nativos digitales; lo que debemos hacer es darles un buen uso y aprovechar esa llegada masiva para hacer prevención en lugar de postvención, bombardeando con información necesaria que promueva la escucha y el acompañamiento», completó.

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