En nuestro país se conmemora hoy el Día de la Bandera en homenaje a su creador, Manuel Belgrano. La costumbre nacional lleva a recordar a nuestros héroes en ocasión de su muerte por lo que la fecha rememora el 20 de junio de 1820, día del fallecimiento del prócer, aunque la estricta justicia histórica debería obligarnos a homenajear su vida, pletórica en acciones patrióticas.
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770 y durante su existencia física fue diplomático, economista, periodista, político, abogado y militar. Participó fundamentalmente en la defensa de Buenos Aires frente a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, fue uno de los principales impulsores de la Revolución de Mayo (vocal de la Primera Junta del Gobierno de 1810) y jefe de las expediciones militares contra los ejércitos realistas afincados en el Paraguay y en la Banda Oriental.
En 1812 creó la bandera nacional en la actual ciudad de Rosario y, como general del Ejército del Norte, tuvo a su cargo la Segunda Campaña Auxiliadora al Alto Perú, dirigiendo el “Éxodo Jujeño” y comandando las victorias de los revolucionarios en las batallas de Tucumán y Salta. Dos derrotas (Vilcapugio y Ayohuma) frente a los realistas le depararon un injusto menosprecio de su inmensa campaña.
Otra faceta importante y poco referida de la actuación pública de Belgrano fue su ocupación por fomentar la educación pública. Su prédica en favor de la difusión de la instrucción como esencial para el fomento de la industria y riqueza tuvo su correlato en la práctica: impulsó políticas para universalizar la escuela primaria gratuita y la educación de las niñas, entre otras acciones.
Hace 205 años, en la pobreza más absoluta (a la que había contribuido aportando sus ahorros a causas patrióticas) y vilipendiado por varios de sus contemporáneos, uno de los padres de nuestra patria se iba de este mundo. Saludable sería que su revalorización y ejemplo cundieran entre nosotros día a día para poder construir una mejor nación.




