La motosierra oficial, activa desde el 10 de diciembre de 2023, continúa funcionando tal como lo anticiparon los principales operadores de la herramienta promocionada por el presidente Milei durante la campaña política.
Si bien es cierto que desde el inicio de la gestión se puso en marcha una de las promesas más polémicas de la campaña, cada tanto se da un refresco de la herramienta de modo que no queden dudas de esa acción oficial. Encima, el FMI pide que el ajuste más grande de la historia sea más profundo aún.
Es más, uno de los referentes económicos del presidente, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, habló al comienzo del año de la motosierra 2.0, una nueva versión, y más avanzada de las políticas de recorte. Y es al día de hoy que un total de 42.034 empleados de la administración pública dejaron sus cargos en los últimos 14 meses, según un informe oficial.
Lo cierto es que más allá de las medidas, del achique del Estado que en muchos casos representa también la pérdida de fuentes laborales, la situación impone un ritmo acelerado del achique, y a esta altura sin importar la importancia de cada lugar de trabajo ni de la función que cada agente que deja su lugar cumple. Así, muchos servicios que prestaba el Estado han desaparecido.
El achique del Estado, las obras que no se hacen, las de relevancia, las que se hacen de poca monta, los servicios que se dejan de prestar, forman parte de una realidad en transición hacia la mínima expresión de los organismos de acción, con el agregado de que muchos Estados provinciales y municipales van por el mismo camino, por coincidencia política o por obligación fáctica.
En el medio, la necesidad de cumplir con necesidades que no esperan, como el arreglo de las rutas, la conclusión de obras fundamentales (los sanrafaelinos lo sabemos de sobra con el gasoducto) o la atención de los jubilados con los medicamentos, solo por mencionar tres de miles.
Por ahora todo a medias -con suerte-, todo a la deriva, en la imagen de un país en crisis que no logra superar su estado de adolescencia política casi permanente.




