La temporada de fruta para industria en el sur mendocino llega envuelta en incertidumbre. Tal como viene anticipando Diario San Rafael, la situación de los productores y la industria conservera atraviesa un momento acuciante: hay fábricas que están trabajando “a cuentagotas” y otras directamente no saben si abrirán para la campaña que se viene.
El combo que golpea a toda la cadena es conocido, pero cada vez se siente con más fuerza: encarecimiento de costos y apertura de importaciones.

Productores y actores del sector advierten que los costos de producción —impulsados especialmente por el aumento de tarifas de gas y electricidad—, sumados a la llegada de mercadería del exterior, están empujando a un escenario donde importar resulta más conveniente que producir localmente.
En el panorama actual, aseguran, el mercado se ve “inundado” de productos importados que, en muchos casos, llegan con precios más bajos que los nacionales, generando presión a la baja sobre la producción local. Y la primera consecuencia aparece en el eslabón más sensible: el precio que recibe el productor.
“NO CUBRE NI LOS COSTOS”
Según relataron productores que dialogaron con Diario San Rafael, los números que se están ofreciendo para industrialización son muy bajos. “Para industria me ofrecieron $200 el kilo de damasco y $210 la ciruela”, contó uno de ellos en relación a una reconocida fábrica del sur provincial. Los valores llegan a estirarse “como mucho” hasta $230.

En paralelo, el panorama para el acopio tampoco mejora: para el durazno, los precios estarían oscilando entre $130 y $140 el kilo, con un techo que en algunos casos alcanza $150.
En todos los casos, el diagnóstico se repite: los valores no alcanzan ni para cubrir costos, lo que deja a muchos productores frente a una decisión límite. Algunos ya evalúan abandonar fruta porque cosechar y mover la producción termina siendo un gasto imposible de sostener.
LAS FÁBRICAS Y UNA TEMPORADA EN DUDA
Lo más preocupante, señalan desde el sector, es que la crisis no solo afecta a productores: incluso con estos precios a la baja, hay fábricas que dudan en hacer temporada, por la dificultad de sostener la estructura, el costo energético y un mercado que aparece condicionado por los importados.

Mientras tanto, la incertidumbre crece y el temor es que este escenario termine llevándose “piezas fundamentales” de la cadena productiva local, además de dejar sin empleo a cientos de personas.


