Jueves 22 de Octubre, 2026
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San Rafael es el segundo productor de caprinos de Mendoza y las lluvias amenazan una de las principales fuentes de ingresos del secano

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La producción de caprinos representa una de las actividades económicas más importantes del secano sanrafaelino, donde numerosas familias dependen de la crianza y comercialización de chivitos para sostener sus ingresos.

Actualmente, San Rafael ocupa el segundo lugar en el mapa caprino de Mendoza, con aproximadamente 105.386 animales, solo por detrás de Malargüe, que lidera con 393.311 cabezas. En tercer lugar aparece Lavalle, con 104.824.

Estas cifras reflejan la importancia de una actividad que, además de generar recursos económicos, constituye una forma de vida profundamente arraigada en las comunidades rurales del departamento.

LA PARICIÓN, UN MOMENTO DECISIVO PARA LA ECONOMÍA DE LOS PUESTOS

La temporada de nacimiento de chivitos es una de las etapas más importantes del calendario productivo. De la cantidad de crías que logren sobrevivir y desarrollarse depende buena parte de la producción que posteriormente llegará al mercado.

Este año, las precipitaciones persistentes, las bajas temperaturas y la humedad están generando dificultades adicionales para los crianceros, especialmente en aquellos establecimientos que no cuentan con instalaciones adecuadas para proteger a los animales recién nacidos.

La mortandad de crías registrada en sectores del sur mendocino enciende las alarmas por su posible impacto económico, ya que cada animal perdido representa una disminución en la producción y en los futuros ingresos familiares.

DESAFÍOS MÁS ALLÁ DEL CLIMA

Las condiciones meteorológicas también ponen en evidencia problemas estructurales que afectan a la ganadería caprina.

La falta de infraestructura para resguardar a los animales, las dificultades para mejorar los corrales y las limitaciones de acceso a recursos técnicos complican la capacidad de respuesta de los pequeños productores frente a situaciones extraordinarias.

A esto se suma que los campos anegados dificultan el acceso a las pasturas naturales y el traslado de los rebaños, incrementando los esfuerzos necesarios para sostener la actividad.

Especialistas recomiendan reforzar las medidas sanitarias, mantener los esquemas de vacunación, mejorar el drenaje de los corrales y garantizar espacios secos para las crías.

EL IMPACTO PODRÍA SENTIRSE DURANTE TODO EL AÑO

A diferencia de otras actividades productivas, las pérdidas durante la parición no siempre pueden recuperarse en el corto plazo.

Una menor cantidad de chivitos disponibles para la comercialización puede traducirse en una reducción de ingresos que afecte la economía de los puestos durante los meses siguientes.

Por eso, más allá de las consecuencias inmediatas de las lluvias, la preocupación está puesta en cómo evolucionará la temporada y qué herramientas tendrán los crianceros para afrontar eventuales pérdidas.

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