Laureana Monteavaro explicó las diferencias con el bastón blanco y convocó a la comunidad a participar de una jornada de concientización en San Rafael.
En el marco del Día del Bastón Verde, que se conmemora este 26 de septiembre, se realizará en San Rafael una jornada destinada a visibilizar las necesidades de las personas con baja visión y promover una mayor comprensión sobre la discapacidad visual.
La actividad es impulsada por un grupo de personas con discapacidad visual que participa del programa de fortalecimiento psicológico y autonomía personal, junto con Laureana Monteavaro, terapeuta visual, y la psicóloga Florencia del Dó, bajo la coordinación del área municipal de discapacidad.
Monteavaro explicó a Diario San Rafael y FM Vos (94.5) que la jornada tendrá dos puntos de encuentro: el kilómetro cero y la plaza San Martín. En el primero se prevé principalmente la entrega de folletería y el diálogo con quienes se acerquen, mientras que en la plaza habrá un puesto destinado a brindar información.
Diferencias entre bastones
Uno de los principales objetivos de la iniciativa es explicar una diferencia que muchas veces se desconoce. Mientras el bastón blanco está asociado a una pérdida casi total de la visión, el bastón verde identifica a personas que conservan un resto visual que puede resultar funcional para determinadas actividades.
“Es importante resaltar que en la discapacidad visual, como en otro tipo de discapacidad, hay una gran variedad de situaciones y hay distintas formas de ver y distinto grado de pérdida de visión”, señaló Monteavaro.
La profesional detalló que, según la patología y el campo visual de cada persona, ese resto de visión puede permitir realizar algunas tareas de cerca, utilizar dispositivos adaptados o desplazarse con determinadas dificultades.
“El bastón blanco se relaciona con una pérdida casi total de la visión y el bastón verde quiere decir que la persona conserva un resto visual que le puede ser funcional para determinadas tareas”, explicó.
Además de su función como instrumento de orientación y movilidad segura, el bastón verde permite identificar una situación que puede resultar difícil de comprender para quienes desconocen las características de la baja visión.
“Es importante que la sociedad entienda que estas personas pueden ver algo, no todo, y que en algunos momentos de su día necesitan ayuda. En otros momentos pueden resolver las situaciones solas”, remarcó.

Falta de conocimiento social
Monteavaro también planteó que una de las dificultades cotidianas está relacionada con la forma en que otras personas intentan asistir a alguien con discapacidad visual. Una ayuda ofrecida sin consultar puede no ser necesaria o incluso resultar incómoda para quien la recibe.
La terapeuta visual consideró que todavía existe un importante desconocimiento social sobre estas situaciones y sobre las distintas maneras de actuar frente a ellas.
“Yo creo que la gente en general desconoce las problemáticas de la discapacidad y no sabe cómo actuar, y lo hace como sale”, sostuvo.
En ese sentido, explicó que una persona con baja visión puede necesitar asistencia para cruzar una calle y, al mismo tiempo, utilizar su teléfono celular mediante íconos ampliados o lectores de voz. Esa combinación puede generar confusión en quienes observan la situación sin conocer las características de la discapacidad visual.
El grupo que participa del programa municipal busca precisamente generar espacios para que estas realidades sean conocidas y comprendidas. Según Monteavaro, la iniciativa comenzó con pocas personas y actualmente reúne alrededor de 100 integrantes, aunque todavía hay vecinos que no conocen la propuesta o no se han incorporado.
“Hay muchos avances, pero falta más, más, más a nivel social y sobre todo en los organismos oficiales”, afirmó.
Educación e inclusión desde la infancia
La profesional destacó además la importancia de trabajar estos contenidos desde las escuelas y desde las familias, incorporando herramientas de inclusión como el braille y la lengua de señas.
Consideró que muchas veces se buscan soluciones complejas cuando existen recursos sencillos que pueden comenzar a utilizarse y difundirse desde edades tempranas.
“En realidad son simples cosas y las tenemos a mano”, expresó.
Para Monteavaro, el trabajo con niños y adolescentes resulta especialmente importante porque permite incorporar desde temprano una mirada diferente sobre la discapacidad y comprender las necesidades de otras personas.
“Sobre todo en ellos está buenísimo poder plantar esta semillita de poder ver y entender a las otras personas en la situación de discapacidad”, concluyó.


